«Se Busca» y habrá recompensa... No es el Salvaje Oeste, es Cataluña

Los radicales de la Cup no han inventado nada. ETA y su entorno ya lo hizo. Y antes las Juventudes Hitlerianas con los comercios de los judíos. La historia se repite.

Persecuciones en la calle –a plena luz del día–, escraches como el que sufrió Inés Arrimadas o Xavier García Albiol; acoso y pintadas –cuando no ensuciar la sede del partido «a eliminar» con excrementos, como le pasó hace días a Cs–; ataques al comercio de la madre de Albert Rivera en Granollers. Algo que ya cocemos. Algo que ya se puso en práctica en el País Vasco y propició que cientos de miles de vascos, tras no poder aguantar por más tiempo el acoso, dejaran su casa, sus raíces y buscaran paz lejos de su tierra. Los radicales de la Cup no han inventado nada. ETA y su entorno ya lo hizo. Y antes las Juventudes Hitlerianas con los comercios de los judíos. La historia se repite.

No son ingeniosos. No tiene chispa. Beben de los clásicos. Los anticapitalistas de la CUP se montaron un cartel que era una reinterpretación de otro de la época de la Revolución rusa, en el que salía una hacendosa Anna Gabriel (que en Suiza está) «barriendo la monarquía, la iglesia y ''los poderes del Estado''», y que recordaba demasiado a otro de Lenin barriendo de Rusia a «los enemigos de la revolución». Ahora se inspiran en la ley de la frontera, en el Salvaje Oeste americano, para recuperar la cartelería del «Se Busca» forajido. El «reclamado» y apuntado por las juventudes de la CUP, Arran, no es otro que el líder de Ciudadanos. Albert Rivera ha sido señalado públicamente por el independentismo radical después de que el líder de Cs se hiciera eco de la denuncia de la Fiscalía contra nueve profesores del instituto El Palau de San Andrés de la Barca (Barcelona) por humillar a los hijos de los guardias civiles tras el 1-O. Podríamos decir que es curioso que a la CUP esté ligado Josep Lluís del Alcázar, el portavoz «que se dice neutral» y que ha sido elegido por el instituto para salir en defensa de los docentes denunciados por la Fiscalía, uno de los cuales ya está imputado por un juez de Martorell (Barcelona). No estaría de más que todo este triste asunto, que vuelve a poner sobre la mesa el tantas veces denunciado adoctrinamiento en las aulas catalanas por parte de docentes independentistas, discurra por cauces más calmados. Los tribunales son el espacio idóneo para dirimir las denuncias de padres y chavales contra los nueve docentes, y no el cargar contra el contrario de manera tan zafia, en un nuevo ejemplo de matonismo, contra quienes denuncian –desde la Prensa o la política–, unos abusos que se ceban en los más débiles.