«Si vienes aquí tienes que morir aquí»

Uno de los españoles detenidos en Ucrania
Uno de los españoles detenidos en Ucrania

«Quiero salir, quiero volverme a Ceuta». Abdeluahid Sadik Mohamed, «Pinchito», uno de los supuestos miembros de la célula ceutí del Estado Islámico (EI) a los que juzga la Audiencia Nacional, estuvo en 2013 en un campo de entrenamiento de la organización terrorista Jabhat al Nusrah (JaN) en Siria, en el que pasó, dijo, ocho meses «retenido» contra su voluntad. Ayer, en un rocambolesco relato, contó su experiencia al tribunal que preside la magistrada Concepción Espejel. Explicó cómo terminó siendo, según él, un yihadista por accidente tras un viaje a Estambul «de turismo». El fiscal Vicente González Mota no da ningún crédito a esa versión y sostiene que «Pinchito», tras integrarse en el Estado Islámico de Irak y Levante, viajó a Siria, donde recibió adiestramiento y participó en acciones terroristas, al igual que en Irak, en el asalto a la cárcel de Abu Ghraib en junio de ese año, extremos que el procesado negó y por los que se enfrenta a una condena de diez años de prisión.

Abdeluahid contó que viajó a Turquía de vacaciones en mayo de 2013 «con un chaval de Marruecos», pero que «no llevaba intención de pasar a Siria ni de hacer ninguna guerra». Durante sus dos semanas en Estambul se limitó a «hacer turismo». «¿Qué visitó?», le preguntó el fiscal. «Muchas cosas», respondió. «¿Puede precisar algo?», insistió González Mota. «Restaurantes, ropa...». «¿Fue a ver alguna mezquita?». «No, ninguna», contestó antes de asegurar que sólo compró el billete de ida por que no tenía dinero para la vuelta.

Tras su estancia en Estambul, su acompañante le convenció para viajar a Antioquía, donde «un colega» de este último les ofreció alojarlos en su casa. Se subieron a una furgoneta y, ya en la frontera, cambiaron de coche. «¡Yo no sabía que estábamos en Siria!», exclamó. Y eso que llevaba todo el equipaje encima. «Siempre lo llevo», adujo. Le alojaron en una casa en la localidad de Atarib. «“Si sales de aquí te quito de en medio”, me advirtieron». «Si vienes aquí tienes que quedarte aquí y morir aquí», contó que le amenazaron. Y pese a que, tras su detención, tanto a la Guardia Civil como en la Audiencia Nacional admitió que se trataba de un campo de entrenamiento yihadista, ante el tribunal se retractó.

«Pinchito» declaró que se negó a empuñar las armas –«jamás en la vida he cogido una pistola»–, pero que le castigaron mandándole a una zona de combate «para que mueras ahí». «Había seis o siete casas y siempre entraba y salía mucha gente de Jabhat al Nusrah. Había bombardeos todos los días». Le emplearon como guardián y al final pudo llamar a su madre. «Estoy en Siria y no sé si podré volver vivo», le advirtió. Cuando su familia le envió dinero, pudo «escapar» y regresar a Turquía, donde la Policía le expulsó a España porque tenía caducado el visado. «No participé en ninguna guerra», insistió.

También «de turismo» viajó a Estambul otro de los procesados que declararon ayer, Ismael Abdellatif Al Lal –uno de los supuestos líderes de la célula, para quien la Fiscalía pide doce años de cárcel–, aunque terminó «en un campo de refugiados», donde coincidió con tres de los supuestos yihadistas reclutados por la red, que finalmente fallecieron en Siria en ataques suicidas. «Venían en labor humanitaria a entregar 200 kilos de arroz a un comedor social», explicó sin pestañear. Decidió alojarse con ellos en el mismo hotel. En dos meses viajó tres veces a Turquía. «Sé que después viajaron a Siria, pero no sé si han fallecido», dijo. Según el fiscal, sus viajes tenían un solo objetivo: «Controlar el envío de muyahidines a Siria».