Sólo el 4% de las bases de Iglesias votó en la última consulta interna

El proceso no dará sorpresas y asentirá a lo pactado por la cúpula.

El sistema telemático de votación de Podemos permite que personajes imaginarios se registren y emitan votos, como demostró LA RAZÓN
El sistema telemático de votación de Podemos permite que personajes imaginarios se registren y emitan votos, como demostró LA RAZÓN

El proceso no dará sorpresas y asentirá a lo pactado por la cúpula.

De una cosa al menos no debe preocuparse Pedro Sánchez: si finalmente consigue sortear todos los escollos, internos y externos, para cerrar un pacto con Podemos que le lleve a La Moncloa, las bases de Podemos no pondrán problemas y refrendarán obedientemente las consignas emanadas de la cúpula controlada por Pablo Iglesias. Así ha sido hasta el momento en todas las «consultas» que ha realizado la dirección de Podemos con las bases y a todas luces así será también en esta ocasión. De hecho, de los 390.000 inscritos del partido, todos ellos con derecho a voto en las votaciones internas– sólo un tanto por ciento ínfimo participará previsiblemente en la votación. En la última de las elecciones telemáticas de Podemos, en la que las bases «aprobaron» el programa con el que Pablo Iglesias se presentó a las generales del 20 de diciembre, sólo el 4% votó.

No será la primera vez que se efectue una votación telemática para refrendar el apoyo de Podemos a un candidato socialista. Tras las autonómicas de mayo de 2015 hubo cuatro consultas de este tipo en Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura y Baleares. Por poner un ejemplo, de los 12.342 inscritos de Podemos en Aragón, sólo el 18% (es decir, 2.237 personas) de las cuales el 90% estuvieron de acuerdo con la cúpula autonómica de Podemos en que debía apoyarse al candidato del PSOE Javier Lambán, actual presidente de Aragón. En Castilla-La Mancha pasó algo parecido. Las preguntas que se trasladaron a las bases fueron: «¿Consideras que Podemos Castilla-La Mancha debe apoyar la investidura de Emiliano García-Page como presidente de la Junta tras la firma ante notario por parte del PSOE del acuerdo para el cumplimiento de estas medidas?» o «¿Consideras que Podemos debe abstenerse y permitir que gobierne la candidata del PP, María Dolores de Cospedal?». El 96,37% se decantó por la primera opción y Emiliano García-Page es hoy el presidente del Ejecutivo de esta región. En Extremadura sólo votaron 1.207 inscritos, un magro 18% del total. Un 44% se decantó a favor de apoyar al socialista Fernández Vara como pedía la cúpula; la abstención casi llegó al 30% y el «no» sumó el 26% de los votos telemáticos. El dato de Baleares también es revelador: sólo votaron 741 personas, de las cuales el 96% votó como pedía la cúpula.

En realidad esta baja participación tendría muy fácil solución: que Podemos avisara con un email a sus inscritos de que la votación estaba teniendo lugar. Ese simple gesto hubiera producido inmediatamente que la participación en cualquiera de las votaciones telemáticas internas creciera drásticamente. Sin embargo, la única manera que tienen los inscritos de enterarse de que las urnas virtuales se han abierto es conectarse a la página del partido con su usuario y contraseña, algo que sólo los militantes de Podemos que más de cerca siguen la mecánica del partido hacen. Esta circunstancia beneficia a la dirección que lidera Iglesias.

Para redondear la cuestión, en este tipo de votaciones el fraude no sólo es posible, sino que además de hecho se ha producido. Así lo demostró LA RAZÓN durante las primarias autonómicas de Podemos en marzo de 2015, cuando este periodico inscribió en Podemos a varios personajes imaginarios que fueron capaces de emitir votos válidos en aquellos comicios internos. Por si fuera poco, todo el proceso informático de la votación es controlado por personas de la mayor confianza del núcleo duro de Podemos, que contesta afirmando que el procedimiento es supervisado por una entidad independiente llamada Agora Voting, pero en realidad los datos que recibe esta empresa son los que Podemos le envía, con lo que todo se basa en información que la cúpula del partido controla.