y falto de moral»

Los funcionarios de la cárcel valoran al condenado por el 11-M

La Razón
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Los diez años que ha estado en prisión Rafa Zouhier han permitido a las autoridades penitenciarias formarse un perfil de este individuo que tiene un carácter manipulador, que le permite adaptarse, para intentar convencer a los que le rodean, a cualquier situación. Unas veces ha jugado el papel de radical islamista; y otras, en sentido contrario, parecía colaborar con reclusos colombianos, incluso, dada su corpulencia física, como cobrador de deudas, según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras del asunto. En cualquier caso, se trata de un individuo «perteneciente a la subcultura criminal y absolutamente falto de moral», aseguran.

Como ejemplos de este carácter, que no se puede calificar de bipolar sino simplemente de adaptación al medio que más le conviene, se cita su estancia en la cárcel de Aranjuez. Al parecer, mantenía actitudes de las que se podía desprender que extorsionaba a otros reclusos y actuaba como «sicario» y «cobrador» a las órdenes de internos colombianos, algo absolutamente contrario a lo que puede ser el perfil de un islamista radical, según valoraciones de los funcionarios de la prisión.

Muy aficionado al gimnasio, para mantenerse en forma y no ser un preso más, hizo todo lo posible para que le nombraran encargado de esta dependencia, bien con el apoyo de los colombianos o de los musulmanes. El 20 de marzo de 2009 se le intervino una cinta de contenido radical islamista, de las que Al Qaeda y otras organizaciones similares utilizan para captar adeptos. Por esas mismas fechas y durante el mes del Ramadán, arrancó violentamente del gimnasio unos pósters en los que se veía a personas musculadas. Sin embargo, mantenía su personalidad y apariencia, con la cabeza rapada y sin dejarse la barba. El historial de Zouhier en la cárcel vale para todo. Unas veces tiene problemas con un musulmán paquistaní por cuestiones de incompatibilidad, y otras, parece un peón de los colombianos, incluso con actitudes chulescas. Ha llegado a ser acusado por otros internos de «chivato». Se le considera un interno «poco claro, manipulador, utilitarista, que puede colaborar con quien convenga, que utiliza las normas a su favor (o al menos lo intenta)». Sin embargo, en los últimos tiempos se le veía un tanto decepcionado por no haber logrado la progresión de grado (siempre ha estado en el primero, que no contempla la obtención de permisos).

Durante su cumplimiento en Puerto I, en el Puerto de Santa María (Cádiz), se le ocupó una Black Berry. Sucedió durante su traslado desde Aranjuez. En el viaje a la prisión andaluza, se hizo una parada en la cárcel de Valdemoro, momento en el que, según se sospecha, se hizo con el teléfono móvil. Zouhier mantuvo siempre que se la habían metido entre sus pertenencias sin su consentimiento.

Uno de los últimos capítulos de periplo carcelario se produjo el 19 de septiembre del año pasado, cuando se casó, por poderes, con una española llamada Soledad, que trabaja en una empresa que tiene entre sus clientes a la Audiencia Nacional. El matrimonio quedó registrado en la localidad madrileña de Berzosa de Lozoya.

Este matrimonio, según las previsiones de Zohuier y los que le asesoran, retrasaría su expulsión de España, que se puede producir en cualquier momento a partir del domingo, cuando recobre la libertad tras cumplir íntegramente su pena.

Las citadas fuentes sostienen que el matrimonio no supone un impedimento para la expulsión, cuya tramitación se inició de facto desde el mismo momento en que se condena fue confirmada por el Tribunal Supremo. Hace un mes la Subdelegación del Gobierno en Cádiz, provincia en la que se encuentra la cárcel de la que saldrá en libertad, le notificó que se le había abierto un expediente urgente de expulsión.

Zouhier ha dirigido cartas a las asociaciones de víctimas de los atentados del terrorismo y no tiene causas pendientes ni en España ni en Marruecos. Como publicó este periódico, su letrado mantiene que, al haber contraído matrimonio no se le puede expulsar ya no supone un riesgo para la seguridad nacional o el orden público. La Audiencia Nacional ya se ha pronunciado por escrito a favor de la expulsión de Zouhier, ya que no ha roto sus vínculos terroristas (Instituciones Penitenciarias ha acreditado que sigue escribiéndose con Jamal Zougam, autor material de los atentados, y Rachid Aglif «El Conejo», otros de los condenados por el 11-M) y no hay constancia judicial de que haya pedido perdón a las víctimas.