Un mes sin ver a Albert Rivera

El líder de Cs retoma hoy su agenda, que aparcó hace treinta días. Los críticos de su partido temen un peor resultado electoral si se confirma la cita con las urnas el 10-N.

Rivera durante el Consejo General de su partido el pasado 29 de julio, su última aparición pública
Rivera durante el Consejo General de su partido el pasado 29 de julio, su última aparición pública

El líder de Cs retoma hoy su agenda, que aparcó hace treinta días. Los críticos de su partido temen un peor resultado electoral si se confirma la cita con las urnas el 10-N.

Un mes después de irse de vacaciones, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se incorpora hoy al trabajo. Acude al Congreso donde comparece la vicepresidenta Carmen Calvo para explicar la gestión del gobierno en funciones en la crisis del Open Arms. Ni el pleno de investidura del Ayuntamiento de Madrid, ni los incendios en Gran Canaria, ni el brote de listeriosis fueron lo suficientemente importantes para que el líder de los naranjas interrumpiera su descanso estival, como sí lo hicieron otros líderes. En un principio, se especuló con la posibilidad de que acudiera a la toma de posesión del Gobierno de Madrid, con el dirigente de la formación naranja Ignacio Aguado como vicepresidente –como sí lo hizo el líder de PP, Pablo Casado–. No fue así. Tampoco visitó las Islas Canarias, devastadas por los voraces incendios de este mes de agosto hasta donde se desplazaron el líder de los populares y el presidente en funciones, Pedro Sánchez. Rivera se limitó a llamar por teléfono al presidente autonómico y lanzar mensajes desde su cuenta Twitter.

De hecho, pese a ser omnipresente en las redes sociales, al líder de los naranjas no le vemos en público desde el pasado 29 de julio cuando presidió el Consejo General de Ciudadanos tras la dimisión de dos miembros de la Ejecutiva, Toni Roldán y Javier Nart, y tras ponerse de manifiesto la división interna en relación con la estrategia impulsada por Rivera, articulada en torno al «no es no» a Pedro Sánchez. Sin duda, la crisis más grave desde la fundación de la formación en 2006. Unos desencuentros internos que el sofocante calor del mes de agosto ha avivado.

Una parte del sector crítico asegura a LA RAZÓN que a diferencia de lo que sucedió en agosto de 2016, cuando Rivera trabajó en verano para lograr la gobernabilidad de España y cerrar un acuerdo programático con el entonces candidato a presidente Mariano Rajoy, esta vez se ha puesto de perfil porque mantiene su posición de no facilitar la investidura de Pedro Sánchez. «Ya se excluyó de esa posibilidad cuando se negó a reunirse con Sánchez y le acusó de tener un plan y una banda durante el pleno fallido», explican.

Esas mismas fuentes defienden el derecho del líder de su partido a tomarse unos días de vacaciones –«probablemente con su hija o pareja»– e insisten en que «no ha estado perdiendo el tiempo» sino que sus esfuerzos durante esta última semana están centrados en preparar «el nuevo escenario de presión que se le viene encima con algún colaborador cercano». Y es que el absentismo de Albert no gusta a una buena parte de los votantes de su partido y en las redes sociales aparecen mensajes contra su actitud. Es por ello que desde el sector crítico de la formación aseguran que durante estos últimos días estuvo trabajando «para él y para su persona; no para España ni para el interés nacional».

Durante su ausencia pública otros rostros como el de la catalana Lorena Roldán, el del diputado Edmundo Bal o el propio Ignacio Aguado tomaron las riendas del partido, asumiendo la desaparición de su líder de la escena pública. Este protagonismo de los «segundos» tuvo su efecto colateral, como en el caso de la polémica generada por el fichaje estrella de la formación Marcos de Quinto, refiriéndose a los inmigrantes rescatado por el Open Arms en el Mediterráneo. Los llamó «bien comidos pasajeros» y cargó contra todos aquellos que le recriminaban. La postura del partido ante la salidas de tono de su compañero fue el absoluto silencio. No en vano, se trata de una apuesta personal de Rivera.

El nuevo curso político se prevé intenso. A 25 días para la disolución de las Cortes y con los independentistas catalanes caldeando el ambiente con la celebración de la Diada y la sentencia del «procés», se espera un otoño caliente con la amenaza de unas nuevas elecciones. «No tengo ninguna duda de que seremos castigados en las urnas si hay una nueva convocatoria», reconocen fuentes del partido naranja que no verían con malos ojos formar parte de la alianza España Suma para concurrir a unas hipotéticas elecciones en el mes de noviembre.