Política

Una masacre a tres días de las elecciones

A tres días de las elecciones generales y con una autoría no confirmada durante muchas horas, el mayor atentado de la historia de España sacudió como un terremoto la vida política española. La masacre del 11M marcó unos comicios que ganó, contra pronóstico, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

Fueron días de máxima tensión política, con los dos principales partidos mirándose de reojo ante el resultado incierto de las elecciones, mientras millones de españoles salían a la calle en solidaridad con las víctimas, en una de las mayores movilizaciones ciudadanas de la historia de la democracia.

Lo primero que hicieron todos los partidos nada más conocerse la magnitud de la tragedia fue suspender la campaña electoral, que estaba ya en su recta final.

Por entonces, prácticamente todos los sondeos apuntaban a una victoria del PP con más o menos holgura, partido que estrenaba como candidato a Mariano Rajoy, tras la renuncia a la reelección de José María Aznar.

El PSOE también se presentaba con un nuevo líder, José Luis Rodríguez Zapatero que, a la postre y tras el vuelco electoral del 14M se convirtió en el nuevo presidente del Gobierno.

Apenas dos horas después de los atentados, Aznar convocaba el gabinete de crisis y al mediodía el ministro del Interior, Ángel Acebes, aseguraba que no había "duda de la autoría de ETA".

Zapatero, por su lado, proclamaba que "más que nunca"era el momento de la unidad democrática ante el atentado más horrendo de la historia de España.

También el propio Aznar afirmó, sin citar a ETA, que no había "negociación política posible"con los asesinos y que el 11 de marzo ocuparía ya un lugar "en la historia de la infamia".

Desde el primer momento la pregunta que asaltó a muchos ciudadanos fue siempre la misma: ¿Quién ha sido?

La autoría de ETA, que el Gobierno mantuvo como única en los primeros momentos, comenzó a diluirse la misma tarde de los atentados, cuando Acebes informó de la localización en Alcalá de Henares de una furgoneta con siete detonadores y una cinta en árabe con versículos del Corán.

El ministro del Interior reconoció en ese momento que no se descartaba ninguna línea de investigación, aunque insistió en que ETA seguía siendo la principal sospechosa.

Poco después, un grupo vinculado a Al Qaeda se atribuye los atentados, aunque se plantearon serias dudas sobre la credibilidad del mensaje.

El hecho de que durante muchas horas después de la masacre el Gobierno insistiera en que todos los indicios apuntaban a ETA, propició una cascada de reproches y la sospecha velada de que el Ejecutivo ocultaba la verdad con un supuesto ánimo electoral.

Ante la avalancha de críticas, al día siguiente, 12 de marzo, Aznar garantizó a los españoles que habría una total transparencia y que se informaría puntualmente de cada uno de los avances en las pesquisas policiales.

Esa misma tarde, Interior reiteraba que ETA seguía siendo la principal línea de investigación y, en un ambiente cada vez más enrarecido, once millones de personas se manifestaron en toda España en repulsa por los atentados.

Además de la congoja por las 191 víctimas mortales y los cerca de dos mil heridos, muchos ciudadanos aprovecharon esas convocatorias para pedir cuentas al Gobierno y reclamar toda la verdad.

Exigencia que se hizo cada vez más fuerte al día siguiente. El 13 de marzo se vivió una jornada de reflexión atípica, con concentraciones en la sede del PP acusando ya directamente al Gobierno de ocultar la autoría de los atentados.

Con los manifestantes en la puerta, Mariano Rajoy denuncia ante las cámaras la coacción que suponen esas protestas en plena jornada de reflexión, mientras Alfredo Pérez Rubalcaba le responde que los españoles merecen un Gobierno "que no les mienta".

Esa misma noche, y en un estado de extrema tensión política y social, Ángel Acebes informa de la detención de varios ciudadanos marroquíes por su relación con los atentados y, pasada la medianoche, entrada ya la jornada electoral, de la aparición de un vídeo en el que aparece un portavoz de Al Qaeda atribuyéndose la autoría de la masacre.

Pese a la convulsión vivida en las jornadas precedentes y la tensión que se respiraba en el ambiente, el 14 de marzo fue una jornada electoral de completa normalidad democrática, con una participación ciudadana masiva.

Los resultados de esos comicios significaron un vuelco electoral sin precedentes, al obtener el PSOE 164 escaños frente a los 148 del PP, que partía con mayoría absoluta en el Congreso.

El PP no dudó en decir que los atentados y todo lo que aconteció en los días posteriores tuvo un efecto decisivo en su derrota.

Del otro lado, los socialistas reconocieron también la influencia de la masacre en las elecciones, aunque no para dar la victoria a Zapatero, que daban por segura y que, de hecho, ratificó cuatro años después, incluso con un mayor número de escaños.