Una parada militar corta, digna y austera

El Príncipe preside un desfile marcado por la crisis y la ausencia, por segundo año, de blindados y aviones

Como en años anteriores, los legionarios han sido una de las unidades más aplaudidas de todo el desfile
Como en años anteriores, los legionarios han sido una de las unidades más aplaudidas de todo el desfile

Fernando Cancio

MADRID- Austera, digna y corta. Así fue la parada militar que tuvo lugar ayer con motivo del Día de la Hispanidad. Los recortes que llevan años cebándose con las Fuerzas Armadas –y sobre todo con sus celebraciones– sólo permitieron un acto más simbólico que llamativo y en el que la principal novedad fue la presencia del Príncipe de Asturias, encargado de presidir el desfile. No había carros de combate, ni aviones ni paracaidista con la bandera... Ni siquiera hubo abucheos o broncas. Incluso los madrileños que se agolpaban a lo largo del recorrido eran menos que otros años, pero con la misma ilusión. Un formato este, el de austeridad, que ya venía impuesto desde 2012, y el acto de este año fue prácticamente calcado: 823.000 euros de presupuesto, 2.632 efectivos y 51 vehículos.

Con poco más de cinco minutos de retraso sobre la hora fijada, por megafonía se anunciaba la llegada de los Príncipes de Asturias a la plaza de Neptuno, donde se volvió a situar el Palco Real. En cuanto su Rolls-Royce hizo entrada, el público rompió a aplaudir. Allí fueron recibidos por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, el presidente y la alcaldesa de Madrid, Ignacio González y Ana Botella, respectivamente, y el jefe de Estado Mayor de la Defensa, almirante general Fernando García Sánchez. Tras los saludos llegó la primera modificación en el protocolo: sonó el himno nacional en su versión corta de 27 segundos.

Acto seguido, Don Felipe pasó revista a la Fuerza y, de nuevo, otro cambio en el protocolo. El Príncipe saludó a las tres compañías–«Monteros de Espinosa» del Ejército de Tierra, «Mar Océano» de Infantería de Marina y la Escuadrilla «Plus Ultra» del Ejército del Aire– sin que sus respectivas banderas se inclinasen a modo de saludo, algo reservado al Rey.

Don Felipe y Doña Letizia comenzaron entonces la ronda de saludos a los miembros del Gobierno y resto de autoridades políticas y militares. Estaban todos los ministros (salvo el de Economía, Luis de Guindos) y diez presidentes autonómicos (Castilla-La Mancha, Andalucía, Galicia, Castilla y León, Navarra, Extremadura, Cantabria, Aragón, Canarias y Madrid).

Con los Príncipes ya situados en la tribuna, se procedió a izar la bandera mientras sonaba otra vez el himno en versión reducida. El momento más emotivo llegaría unos minutos después, con el homenaje a los que dieron su vida por España y los militares cantando «La muerte no es el final». Este año, sólo un efectivo español, el sargento David Fernández Ureña, falleció en acto de servicio cuando trataba de desactivar un artefacto explosivo en Afganistán.

Llegaba el momento de mirar al cielo, pues los siete aviones de la Patrulla Águila dibujaron la bandera española. Era la primera de sus dos pasadas y los únicos aviones que los asistentes iban a ver.

A partir de ahí, arrancaba el desfile propiamente dicho, con las unidades más representativas de Tierra, Aire, Armada y Guardia Civil. Con otro cambio: a su paso por la tribuna no gritaban «¡Viva España!». Los primeros, la sección de motos de la Guardia Real, seguidos de la Brigada de Infantería Paracaidista «Almogávares VI», que ostentó el mando del desfile en la persona de su jefe, el general Juan Cifuentes Álvarez. Tras ellos, los veteranos de las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil junto a los reservistas, momento en el que la Patrulla Águila hizo su última pasada.

La primera agrupación a pie estuvo encabezada por el comandante director de la Escuela Naval de Marín, a quien acompañaron las banderas y estandartes de las unidades, y los batallones de alumnos de los dos Ejércitos, la Armada y la Guardia Civil. Mientras, en la segunda agrupación destacaron la UME, la compañía del Regimiento de Infantería «Inmemorial del Rey nº 1», la más antigua, o la compañía de Esquiadores-Escaladores, con sus uniformes blancos. Casi al final llegaban los más aclamados, los legionarios del Tercio «Don Juan de Austria» con su cadencia de 160 pasos por minuto. Tras ellos, los Regulares, con sus 90 pasos por minuto. El escuadrón de sables de la Guardia Civil ponía el broche final al que también ha sido uno de los desfiles más cortos de los últimos años.

LA AUSENCIA DEL REY TRAE CAMBIOS EN EL PROTOCOLO

- HIMNO NACIONAL: El Reglamento de Honores militares marca que al Rey le corresponden «honores

militares de arma presentada e himno nacional en versión completa», de 51 segundos, mientras que en el caso del heredero, el himno que suena es el reducido, de 27 segundos.

- UNIDADES: Cuando Don Juan Carlos pasa revista a la Fuerza, las banderas de las unidades presentes han de responder inclinándose hacia el Rey. Si quien preside el acto es el Príncipe, éstas no tienen la obligación de responder.

- «¡VIVA ESPAÑA!»: Las unidades que pasaban ante la tribuna gritaban «¡Viva España!» al situarse ante el Rey, algo que en el caso del Príncipe no se ha producido.

- SALVAS: Aunque en esta ocasión no se dispararon salvas de ordenanzas, al Rey le hubiesen correspondido 21 cañonazos, mientras que con Don Felipe presidiendo la parada militar tendrían que haber sido 19.