Política

Valores y democracias

Cuando el bloque comunista se desmoronaba en los ochenta, Juan Pablo II afirmó que «la fortaleza de una democracia reside en los valores morales sobre los que se sustenta». En una conversación con el escritor italiano Vitorio Messori, se refería a que los regímenes totalitarios no respetaban ni la vida, ni la libertad, ni la dignidad humanas, y reflexionaba acerca de las insólitas caídas que sufrieron, afirmando que, ante sus aparentes fortalezas, se escondía una enorme fragilidad derivada de sus inhumanos valores morales.

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Resulta evidente que las democracias occidentales, entre ellas la española, respetan en su letra y espíritu los derechos humanos de la Declaración Universal de las Naciones Unidas. A 69 años de aquella proclamación, se ha teorizado mucho sobre ellos, clasificándolos en derechos de primera, segunda y tercera generación, a los que se han añadido los de la cuarta, vinculados a la revolución digital.

Comparto todo ideal de libertad, igualdad, justicia, solidaridad, paz.... La cuestión está en que no sabemos si, al proclamar estos derechos, hablamos del mismo ser, causa y sujeto en todos ellos.

Claramente, Juan Pablo II apuntaba a un concepto muy concreto de hombre. Hoy, a juzgar por algunas de las leyes que esas democracias aprueban, no estoy seguro de que compartan la misma idea acerca del titular de estos derechos. Por ello estamos asistiendo al debilitamiento de estas democracias. La nuestra, entre ellas.