Política

«Yo creo que hay otro camino frente a los aparatos opacos del partido»

Carmen Chacón, en el Comité Federal del PSOE el pasado mes de enero.
Carmen Chacón, en el Comité Federal del PSOE el pasado mes de enero.

El domingo pasado, el PSOE obtuvo el peor resultado de su historia. Sucedió, además, en unas elecciones en que crecía el porcentaje de voto de izquierdas. Desde el primer momento propuse que se mantuviesen las elecciones primarias abiertas que estaban ya aprobadas y convocadas para que el nuevo liderazgo del partido fuese elegido con el concurso de los militantes socialistas, pero también de todos los progresistas no afiliados que deseasen participar. Unas primarias que abriesen paso a una etapa nueva de rectificación del rumbo seguido en los últimos años en diálogo con los millones de progresistas, muchos de los cuales nos han vuelto la espalda.

Éste es el sistema que había aprobado por mayoría abrumadora el último Congreso socialista; es también la fórmula que respaldó la Conferencia política celebrada a finales del año pasado y es la fórmula que programó el comité Federal del PSOE hace unas semanas. Es decir, las elecciones primarias abiertas son la vía legal por la que el Partido Socialista había decidido decidir su liderazgo.

Es una fórmula que encuentra resistencias internas serias, pero tiene sólidos fundamentos. El liderazgo político sólo se consolida cuando tiene un amplio apoyo social y la mejor manera de contrastar ese apoyo social es a través de las elecciones primarias abiertas o ciudadanas.

Tampoco es una propuesta exótica. Es así como se define el liderazgo en naciones de tan larga tradición democrática como Estados Unidos, también en varios países democráticos de América Latina; y es también la norma adoptada recientemente por partidos de izquierdas europeos, tales como el Partido Socialista Francés y el Partido Democrático en Italia. En particular, este último celebró en diciembre unas elecciones primarias para elegir nada menos que a su Secretario General en las que participaron, además de 300.000 militantes, otros 2.700.000 ciudadanos no afiliados. El ganador fue Mateo Renzi, un joven líder reformista que ha puesto contra las cuerdas a las opciones populistas de derechas (Berlusconi) y a las de nuevo tipo (Beppe Grillo), y ha fijado una agenda reformista que ha devuelto la credibilidad ala izquierda italiana que ha obtenido el mejor resultado de su historia. Lo contrario que el PSOE.

La dirección socialista española ha hecho justo lo contrario. En un primer momento ha promovido un Congreso de corte tradicional con 1.000 delegados. Es decir, en vez de dar la palabra a los ciudadanos optó por el enroque. Es a mi juicio una vía equivocada pero que refleja el desconcierto de muchos dirigentes y afiliados socialistas ante un golpe electoral tan descomunal.

Pero posteriormente ha hecho algo peor: si dijeron no sentirse legitimados para convocar unas primarias que ya estaban reguladas y convocadas, se sienten en cambio legitimados para cambiar las reglas de un Congreso sin el menor respeto por las normas del partido y por sus órganos de gobierno. Así, ha trascendido a la prensa (sin conocimiento de los militantes) que piensan convocar un referéndum no vinculante entre los afiliados en medio del asombro y la confusión ciudadana que ya no entiende nada de lo que está haciendo el PSOE.

Tan duro fue el golpe que puedo entender a algunos de mis compañeros y compañeras que rápidamente han buscado un referente en líderes con una fortaleza tan contrastada como la de la presidenta Susana Díaz. Tan abundante ha sido la pérdida de apoyo social, la desconfianza con que parecen recibirnos nuestros conciudadanos, que puedo incluso entender esa reacción de enroque. Lo que resulta imposible de entender es la huida hacia adelante de una dirección clamorosamente desautorizada por los ciudadanos. Por si fuera poco el dolor de ver que dejan de apoyarnos millones, nuestra angustia aumenta con el ruido, la indecisión y la división interna.

Yo creo que hay otro camino que mostraría a España que ante las dificultades los socialistas oponemos valentía. Ante la tendencia al cierre, apertura. Y ante los aparatos opacos de nuestro propio partido, la voz de la gente. El Partido Socialista lo ha hecho varias veces. Se trata de buscar la orientación con ayuda de la ciudadanía: que cualquier persona progresista mayor de 16 años pueda participar en la elección de nuestro líder.

Me han preguntado varias veces en estos días si lucharé por el liderazgo en el PSOE. Es difícil dar una respuesta cuando hemos pasado en sólo una semana de fijar unas elecciones primarias abiertas, a un Congreso Extraordinario, y luego a un Congreso precedido de un referéndum no vinculante.

Por eso mi respuesta es clara: lo haré cuando se convoquen elecciones primarias abiertas a la participación ciudadana. No antes ni a través de vías extrañas.