Política

Andalucía

Zapatero y Griñán hacen del Congreso andaluz una oda al relevo en el PSOE

El ya ex barón sentencia que el tiempo de su generación ha pasado

Susana Díaz y Zapatero, ayer en el Congreso de Granada
Susana Díaz y Zapatero, ayer en el Congreso de Granadalarazon

Estaban todos (o casi todos). La aspirante (Susana Díaz) se convirtió en secretaria general por abrumadora mayoría. El que cedía el testigo (José Antonio Griñán) hizo una emotiva y generosa despedida. Los que fueron para dejarse ver lo consiguieron. Los que acudieron para rendir pleitesía, la rindieron, y los que temieron que del congreso del PSOE de Andalucía salieran mensajes encriptados para la dirección federal vieron confirmados sus recelos. Todo, según lo previsto. Todo, menos lo que nadie imaginaba: que Zapatero, tan respetuoso con quienes le sucedieron, se sumara implícitamente al canto del relevo, como lo hizo después Griñán (que aunque hablaba de sí mismo, la mayoría interpretó que lo hacía de Rubalcaba) y más tarde Susana Díaz. Sólo la intervención de la vicesecretaria general, Elena Valenciano, desentonó de este coro que clama por el relevo generacional, el cambio y la generosidad de quienes lo han sido todo en el PSOE y se resisten a dejar de serlo. Aún así la número dos del PSOE no tuvo reparos en admitir que la federación andaluza es la «columna vertebral del partido, donde hace años se gestó la renovación que llevó a los socialistas a convertirse en la formación hegemónica de la izquierda» con Felipe González a la cabeza y que, probablemente, en el mismo lugar se «está volviendo a gestar la renovación».

Pue eso. Si tras la Conferencia Política del PSOE quedó claro que la poderosa federación andaluza apoyaba a Rubalcaba para que impulsara el cambio necesario y sólo para eso, quienes acudieron ayer a Granada a la «coronación» de la sucesora de Griñán salieron con la impresión de que urge más que nunca el relevo. El marco era Andalucía, pero los mensajes llevaban todos una evidente carga nacional para pedir al actual secretario general, que hoy clausurará el cónclave, que deje paso.

«El cambio es ley de vida», espetó el otrora presidente del Gobierno, que parafraseó a Keneddy, de cuyo asesinato se cumplen ahora 50 años, que también dijó que «quien sólo vive el pasado y el presente se perderá el futuro». Zapatero, que bromeó después con los periodistas sobre lo desentrenado que estaba, puso especial énfasis cuando habló del futuro, la emoción y la expectativa que ha generado Susana Díaz, con la que, según sus palabras, empieza la cuenta atrás para la recuperación del PSOE. Y, sepan que según contó en los pasillos, no piensa implicarse en las primarias. De hecho, confiesa que aún no tiene decidido siquiera si votar en ellas.

De ex presidente a ex presidente porque Felipe González fue el gran ausente, si bien quiso enviar un mensaje de texto a sus compañeros para pedirles que superen la «endogamia» que les aleja de los ciudadanos y no teman un debate «abierto y leal». Pero si hubo un discurso emotivo y sincero ése fue el del ya ex secretario general de los andaluces. José Antonio Griñán, el hombre que hizo temblar los cimientos de Ferraz el día que anunció un paso atrás para impulsar el relevo, «ha llegado al río y ha cruzado el puente». Y lo ha hecho convencido, como dijo, de que «una organización que no se abre a nuevas generaciones no tiene futuro». Hablaba de su territorio, pero también dijo que aunque los de su generación han prestado un buen servicio a España y Andalucía, «nuestro tiempo ha pasado». A buen entendedor... Él sí sabía desde que fue elegido en 2010 que su tarea era hacer la transición porque nunca aspiró «a más y tampoco a menos». Nada hay más difícil, admitió, «cómo saber cuándo hay que abrir la puerta al relevo». Quizá sí, la de pedir perdón en público a sus críticos. También lo hizo porque cree haber «sido injusto a veces». Se va en el momento oportuno. Y para elegirlo «sólo basta tener ojos para ver y sentido común para tomar la decisión». Él lo ha tenido.