Este hombre puede frenar el ébola

Nick Owen / Voluntario en el ensayo de la primera vacuna. LA RAZÓN entrevista a una de las «cobayas humanas» que participan en el desarrollo del primer remedio contra el virus y que se está desarrollando en Reino Unido.. Hace diez días se inoculó la enfermedad. Lo hizo por un buen motivo: diez de sus compañeros médicos han muerto por el brote de África. «Es un pequeño sacrificio».

Nick Owen, voluntario en el ensayo de la primera vacuna.
Nick Owen, voluntario en el ensayo de la primera vacuna.

Nick Owen, voluntario en el ensayo de la primera vacuna. Lo ha hecho por amistad. Diez de sus compañeros, todos ellos médicos, han muerto combatiendo la enfermedad. Ahora Nick Owen se ha inoculado, junto a cincuenta y nueve voluntarios más, el virus del ébola.

Desde hace una semana, Nick Owen ya no es Nick Owen sino el paciente EBL-001016, a ojos del personal del Instituto Jenner de Oxford (Gran Bretaña) donde se ha iniciado el primer ensayo clínico de la vacuna con la que hoy sueñan desde África hasta Australia. Él es uno de los 60 voluntarios que, sin más remuneración que la de saber que su participación ayudará a miles de personas, se han inyectado parte del virus que ya ha terminado con la vida de más de 4.000 personas en menos de un año. «Trabajo en Médicos Sin Fronteras (MSF) y diez de mis compañeros han muerto en África desde que se inició el brote. En cuanto me enteré de que el ensayo clínico iba a empezar no dudé en apuntarme. Quiero formar parte de una solución que pueda evitar futuros brotes», afirma a LA RAZÓN.

Él es una de las primeras «cobayas» humanas a las que se ha suministrado la vacuna ChAd3 que incorpora una única proteína benigna del virus del ébola para que su cuerpo sea capaz de crear inmunidad. «El riesgo de contraer la enfermedad es cero», explica a este diario. Un argumento que se sabe de memoria porque se lo ha tenido que repetir a su familia y a sus amigos. «Piensan que estoy loco», afirma el voluntario que, además, también es compañero de profesión. Por eso, desde el pasado seis de octubre ha decidido contar en un blog la travesía que atravesará hasta marzo. «Es raro pensar que uno de los virus más letales del mundo corre ahora por mis venas». La cepa ébola-Zaire es una de las más letales de las cinco que existen. El 90 por ciento de las personas que la contraen pueden morir. Y, a pesar de todo, «está en mis venas».

Un análisis de sangre y un cribado de su historial médico bastaron para que «una semana más tarde entrara en el ensayo», afirma a este diario. Fue un pinchazo, como el que millones de personas se ponen cada año para dar esquinazo a la gripe, pero, como indica Owen, «las vacunas de la gripe me han afectado mucho más que ésta». El día después de que «me la pusieran me sentía como si me hubiera resfriado. El brazo me dolía un poco, pero por la tarde ya estaba bien». Ni rojeces ni hinchazón. Ahora mismo su cuerpo está creando las defensas necesarias para que, si en un futuro estuviera en contacto con el virus, éste no tuviera opción de atacar a sus órganos y crearle un fallo multiorgánico como el que, hace unos días sufrió Teresa Romero y contra el que está luchando. El paciente EBL-001016 no vive ajeno a lo que está ocurriendo en España y asegura que «mi corazón está con Teresa, Manuel y Miguel. Espero que ella consiga recuperarse». En lo que se refiere a la polémica del incumplimiento o no de los protocolos, Owen lo tiene claro: «Lo que ha ocurrido demuestra que aunque existan procedimientos seguros para tratar el ébola, los profesionales de la salud están en mucho riesgo».

El principal reto del ensayo es «conocer si la vacuna será capaz de crear la suficiente respuesta inmune», afirma Adrian Hill, el investigador que lidera el estudio. No todos los voluntarios reciben la misma dosis; se han dividido en tres grupos: de alta, media y baja carga viral. Owen pertenece al primero. Los primeros resultados de estos 60 voluntarios «se conocerán a finales de octubre, principios de noviembre», como le ha explicado el propio Hill al entrevistado. Pero, por mucha prisa que se den en el Instituto Jenner, la elaboración de cientos de vacunas para que comiencen los estudios en el terreno pueden llevar varios meses. De ahí que, a finales de año, los investigadores esperan que unos 80 voluntarios participen en una segunda parte del estudio en Mali y Ghana. «Se están haciendo entre 15.000 y 20.000 dosis», apunta Hill. Las primeras vacunas «se darán a profesionales sanitarios que trabajan en el terreno para que luego pueda distribuirse entre la población», explica el voluntario desde Oxford. «Un pequeño sacrificio que puede significar salvar cientos de vida que se podrán salvar en un futuro».

La vacuna que le han inyectado al trabajador de MSF no es nueva, la empezaron a desarrollar dos laboratorios: el laboratorio italiano Okairos (ha sido adquirida recientemente por la multinacional GSK) y al Instituto Nacional de Alergías y Enfermedades Infecciosas (NIH) de Estados Unidos. La unión de estas dos entidades parte de un ataque con antrax en 2001 en Florida. Varias cartas con este componenete fueron enviadas a varios medios de comunicación y a dos senadores. fallecieron cinco de las 22 personas afectadas. Éste fue un punto de inflexión para el Gobierno norteamericano, que vio de cerca lo que el bioterrorismo podía hacer. Pronto se dieron cuenta de que el ábntrax no era el único agente peligroso, el Ébola no tiene cura y, como estamos comprobando, es letal.

Los primeros estudios preclínicos ya han demostrado que la vacuna ChAd3 no tiene efectos secundarios en primates y gracias a estos análisis es como le han podido inocular el virus a las 60 «cobayas humanas». «El virus ha entrado en mi cuerpo a través de un vector, en este caso el adenovirus de un chimpancé». Es decir, utilizando un resfriado común. Y es que tienen que utilizar este tipo de agente infeccioso porque «normalmente nosotros ya somos inmunes a muchos de los catarros comunes» y, por tanto, no se daría tiempo al virus para poder desarrollarse. La realidad es que la vacuna juega con nuestro sistema inmune, «le engañamos para que crea que tenemos una infección».

Pero Owen no es el único que ha cambiado su nombre por el de una referencia en un ensayo clínico, otra compañera de Médicos Sin Fronteras, la británica Polly Markandya recibió su dosis el pasado miércoles. El pasado viernes, Markandya habalaba de su evolución: «No tengo efectos secundarios por ahora.En breve empieza la vacunación en Mali».

Otros tratamientos experimentales

- Vacuna rVSV-ZEBOV. Se testa en pacientes sanos de Mali. Los responsables son NewLink Genetics y el Organismo de Salud Pública del Canadá.

- Globulina hiperinmune. Un preparado purificado y concentrado de plasma con anticuerpos. Hasta 2015 no hay planificadas pruebas en humanos.

- Fármaco TKM-100802 (Tekmira). Cuya misión es evitar la replicación del virus, en dosis bajas es bien tolerado. Hay unos 30 tratamientos disponibles.

- AVI 7537 (Sarepta). Ha demostrado tolerabilidad en humanos en fase I. Existe preparado suficiente para elaborar hasta 20-25 dosis de tratamiento.

- Favipivavir (Toyama/Fuji Film). Inhibe la proteína responsable de la replicación del virus. Bien tolerado, hay más de 10.000 tratamientos disponibles.

- Plasma del «convaleciente». Se extrae sangre con los anticuerpos de una persona que haya superado la infección.

- Broncidofovir. Ha demostrado una actividad positiva in vitro contra el filovirus. Pese a ello no está en la lista de «potenciales» de la OMS.

- ZMapp. Anticuerpos monoclonales que «repelen» al virus». Agotadas las existencias.

Diario desde su blog

Muestras de sangre recogidas a los voluntarios que se presentaron al ensayo. «Tengo que volver al Instituto Jenner ocho veces a lo largo de los próximos seis meses para que me hagan análisis».

El 1 de octubre, Nick Owen contaba en su cuenta de Twitter: «¡Tengo ébola!... o algo parecido. Me acaban de inyectar la vacuna. Estoy bien».

«¡No tengo nombre! Así es como me conocerán a partir de ahora las personas que realizan el estudio. Durante los siguientes 28 días llevaré un diario electrónico de mis síntomas».

Imagen de dos facultativos de Médicos Sin Fronteras que trabajan en Guinea. Incineran los desechos médicos porque no cuentan con cloro para desinfectarlos.