Estado de excepción, sí, pero para protegernos de los que nos gobiernan

La última “brillante” idea de Compromís: generar estado de excepción por violencia machista

Pedro Sánchez con los líderes de Compromís, Baldoví y Oltra
Pedro Sánchez con los líderes de Compromís, Baldoví y Oltra

La coalición Compromís ha presentado esta semana una propuesta en el Senado para tipificar la banalización o negación de la violencia machista como delito. También pregunta si el Ejecutivo contempla la posibilidad de declarar el estado de excepción por terrorismo machista.

La coalición Compromís (que agrupa en la Comunidad Valenciana al Bloc Nacionalista Valencià, Iniciativa del Poble Valencià y Els Verds – Esquerra Ecologista del País Valencià) ha presentado esta semana una propuesta en el Senado para tipificar la banalización o negación de la violencia machista como delito. También pregunta si el Ejecutivo contempla la posibilidad de declarar el estado de excepción por terrorismo machista.

Mira, yo es que así no puedo.

Todas las semanas pienso que hemos tocado techo con la última ocurrencia y todas las semanas me toca reconocer que no, que aún pueden superarse. Y esta semana estaba convencida de que era la Plataforma Feminista de Alicante la que se llevaría la palma con su comunicado declarando el estado de emergencia feminista. No estoy llorando de la risa, lo juro. Es que se me ha metido algo en el ojo.

Como iba diciendo, disculpadme, la Plataforma Feminista de Alicante, en un demencial comunicado que parece redactado por una adolescente desequilibrada al borde del coma etílico, declara, con un par y porque sí, el estado de emergencia feminista. Quiero pensar que se trata de una hipérbole, aunque dudo que sepan en qué consiste tal figura retórica y atribuyo su uso a la intervención del azar. Ingenua de mí, pensaba que ésta sería la chanza de la semana. Al fin y al cabo, que una organización provincial con la misma autoridad que el Club de Lectura del centro de día de mi barrio se ponga alarmista me da, como mucho, para columna ligerita de verano con la que no meterme en problemas. “Nada, tres mensajes histéricos mentándome a la madre y dos insultos en redes de cuarentonas en tratamiento por ansiedad y a las once estoy en la piscina con mi Aperol Spritz en la mano” me dije yo. Así de felices me las prometía a mitad de semana.

Pues no. Me llega entonces la noticia con la propuesta de Compromís y, de verdad de la buena, que no daba crédito. Como soy una agonías, me voy a la Constitución a ver cuándo se decreta un estado de excepción. Resulta, por si no lo sabéis os lo cuento yo, que según establece la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, (cito textual) “Procederá la declaración de los estados de alarma, excepción o sitio cuando circunstancias extraordinarias hiciesen imposible el mantenimiento de la normalidad mediante los poderes ordinarios de las Autoridades competentes” y en lo referente específicamente al estado de excepción “Cuando el libre ejercicio de los derechos ‘y libertades de los ciudadanos, el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, de los servicios públicos esenciales para la comunidad, o cualquier otro aspecto del orden público resulten tan gravemente alterados que el ejercicio de las potestades ordinarias fuera insuficientes para restablecerlo y mantenerlo, el Gobierno, de acuerdo con el apartado tres del articulo ciento dieciséis de la Constitución podrá solicitar del Congreso de los Diputados autorización para declarar el estado de excepción”. Nada más lejos de nuestra realidad.

Pero esto no es lo más preocupante, queridos. Resulta que el estado de excepción, una vez declarado, contempla, entre otras cositas sin apenas importancia, que la autoridad gubernativa pueda detener a cualquier persona, si lo considera necesario, para la conservación del orden; se podrán disponer registros e inspecciones domiciliarios e, incluso y llegado el caso, intervenir las comunicaciones. ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? Da la impresión de que, en Compromís, o quien debía hacerlo no se ha leído lo referente al estado de excepción o bien se lo ha leído y ahora mismo la coalición valenciana va cuesta abajo, sin frenos y nadie al volante.

¿En serio soy la única a la que esta propuesta de le parece una frivolidad, una irresponsabilidad y una ocurrencia que no debería pasar de charla de borrachos en la barra de un bar? Porque a mí, ver a mis colegas un sábado por la noche pidiendo a gritos, cubata en mano, que se declare el estado de excepción en España porque nos han puesto la consumición sin tapa y nos negamos a salir de Malasaña (para nosotros, alejarnos del centro ya es viajar), me parece entre ocurrencia graciosa y reivindicación gloriosa, dependiendo de cuánto haya bebido yo también. Pero que eso lo diga sin atisbo de sonrojo un portavoz en el Senado, me resulta francamente preocupante.

No sé si nuestra clase política actual es un reflejo de nuestro propio nivel como sociedad (Dios, que no sea eso, que no sea eso) o si, por el contrario, somos nosotros como sociedad los que estamos replicando su escasa catadura moral. Ambas opciones me parecen igual de alarmantes. Más que la violencia machista, la violencia a secas, el cambio climático o el calendario de festivos. Si es cierto que tenemos los políticos que nos merecemos, estamos jodidos.

La definición, según la RAE, de “banalizar”, vuelvo a lo mío, es “dar a algo carácter banal”, siendo la definición de “banal” “trivial, común, insustancial”.

Tengo una mala noticia, miembros y miembras de Compromís: en el caso improbable de que prospere su propuesta en el Senado y el hecho de banalizar la violencia machista pase a ser un delito, van a ser ustedes los primeritos en recibir una denuncia en ese sentido. Porque hacer el encaje de bolillos que están haciendo para convencer a la opinión pública, en contra de todas las cifras y del propio sentido común, de que este país, uno de los más seguros en el mundo para las mujeres, está casi al borde del colapso por machismo y necesitado de un estado de excepción, es una de las maneras más repugnantes de, precisamente, banalizar la violencia machista. Tratar de hacer pasar por común y frecuente de manera irresponsable un problema social como este, desviando el foco de atención, dificultando la posibilidad de tomar medidas realmente efectivas a fuerza de trivializarlo, es vomitivo. Tratar de sembrar un alarmismo injustificado para obtener rédito político instrumentalizando una lacra social y sacando a pasear a las muertas sin sonrojo, es vergonzoso. Un poquito de seriedad, por favor. Que es que cada vez, ante tamañas ocurrencias, nos cuesta más disimular la risa. Y, si lo conseguimos, es ya únicamente por decoro.