Haya de Jordania está en mi casa

El culebrón protagonizado por la princesa Haya de Jordania que ha huido de Dubai a Londres merece, como mínimo, un musical

La hija del recordado Hussein de Jordania y su esposa Alia con su marido el emir en los tiempos felices de su matrimonio en Ascot

Me encantaría saber qué opinan de todo esto las feministas de cuarta ola. Pagaría por una manifestación con pancartas y gritos de “Haya está en mi casa”. ¿Los 35 millones serán privilegios patriarcales a los que renunciar? ¿Aceptaría Francisca Granados llevar el caso? Cuántas dudas. Voy a llamar a Irantzu Varela a ver si me aclaro.

Hoy vengo con una historia muy familiar porque no me quiero meter con nadie, que se lo llevo prometiendo a mi amigo Valenzuela desde hace semanas y siempre la lío. Pero hoy no. Hoy os voy a hablar de la huída de la princesa Haya de Jordania, esposa del emir de Dubai, que ha abandonado el país sorpresivamente con sus dos hijos y me tiene fascinada desde hace días. Desde que me lo contó en una comida con amigas una de ellas, vivo sin vivir en mí. Solo pienso en Haya. Sigo sus aventuras con más atención que cualquier serie, y eso que acaba de estrenarse la tercera temporada de “Stranger Things”. Y es que la historia no tiene ningún desperdicio. Al contrario. Lo tiene todo: dinero, amor, infidelidad, intriga, violencia. Es como un tobogán de acontecimientos imprevisibles. Yo creo que está pidiendo a gritos ser convertida en un musical. Os cuento.

El jeque Mohammed Bin Rashid, emir de Dubai, ascendió al poder en 2004. Dos años antes había conocido a Haya en Jerez (como lo leéis), enamorándose y casándose después. Para él era su sexta esposa y tenía ya 21 hijos. Madre del amor hermoso, veintiuno. Con ella tendría dos más, que ahora han huido con la madre. Esta huida trae a mi memoria a Juana Rivas, claro. Aunque en esta ocasión, la protagonista estaba mejor asesorada y contaba con casi treinta y cinco millones de euros en una maleta y un pisito en Kensignton (el mejor barrio de Londres) valorado en 90 milloncejos de nada, para empezar una nueva vida. Con eso empiezo yo unas sesenta vidas nuevas. Vida arriba, vida abajo.

El caso es que parece que Haya tenía una relación, pelín adúltera, con uno de sus guardaespaldas. Ese clásico de la literatura romántica. Yo ha sido saber lo del guardaespaldas y acordarme, por este orden, de los dos grandes guardaespaldas de la historia reciente: Kevin Costner y Daniel Ducruet.

El primero protagonizó con Whitney Houston, supongo yo que os acordaréis, una de las pelis más cursis y empalagosas de la historia del cine reciente. El que esté pensando ahora mismo “pues a mí me gustó” ya puede abandonar la columna sin despedirse siquiera.

El segundo, mi favorito de los dos, protagonizó un adulterio piscinero con una cabaretera que le costó su matrimonio con Estefanía de Mónaco. Pensadlo bien: piscina, cabaretera, adulterio, princesa. Es que de verdad, el ser humano es maravilloso. Creo que, y me desvío un momento del tema, Ducruet es, con el Conde Lequio y su affaire con Mar Flores (esas fotos horrorosas en una habitación de hotel) y con Hugh Grant y la felación en un coche que le hizo Divine Brown, mi infidelidad de famosos favorita. Y sí, me acuerdo de estas cosas. Ya he dicho en alguna ocasión que una parte de mi cerebro se dedica en exclusiva a archivar datos estúpidos pero molones que no sirven para nada más que para asociarlos con otros en momentos como este.

Volvamos a Haya, que me lío. Está en Londres con sus hijos y parece ser que habría descubierto recientemente cosas horrorositas de su marido. Cosas como que secuestró un poco a su propia hija (no la de ambos, una de las 21 anteriores). Y claro, pensó que si a su hija le había hecho algo así, si se enteraba de lo del guardaespaldas, que ya sospechaba algo, igual su vida peligraba un poco. Y nada, con lo puesto y algo de calderilla, unos 35 millones, abandonó el domicilio familiar y puso tierra de por medio.

Ahora viene una de mis partes favoritas. El Emir, a sus 70 años, no solo es aficionado a hacer negocios estrafalarios en su país (la isla de las Palmeras, la torre más alta del mundo, el hotel más lujoso del mundo o un centro comercial con una pista de esquí dentro son algunas de sus ocurrencias), sino que también lo es a la poesía. Y tiene instagram. Así que le dedicó a su señora a la fuga un poemita en esa red social que yo aquí reproduzco:

“Traidora,

traicionaste la confianza más preciosa

y tu juego ha sido revelado.

Tus días de mentir han terminado

y no importa lo que éramos

y lo que eres.”

Si este señor hubiera nacido en Madrid en lugar de en los Emiratos Árabes, nos lo encontraríamos en recitales malasañeros miércoles sí, miércoles también. Dubai ha ganado un emir pero nosotros hemos perdido a un gran poeta del enter.

Es muy probable que esto no acabe aquí, claro. Ahora empezará una pelea por la custodia de los hijos y un enfrentamiento, la cosa promete, para establecer los términos de un previsible divorcio. Ella ya ha pedido asilo político en Reino Unido. Supongo que yo que alegará miedo por su vida y por la de sus hijos. Y él espero que alegue abandono del hogar e infidelidad. Sus carísimos abogados van a tener que echar horas ahí para la que les viene encima. De entrada ya se habla de, posiblemente, uno de los divorcios más caros de los últimos tiempos.

Yo, como espectadora y si se me permite, pido a los guionistas un poquito de conflicto diplomático. Lo que vendría a ser un buen problema de lindes a escala mundial. Ella está refugiada en Londres y desde Dubai deberían pedir, aunque solo fuera por el espectáculo, que Isabel II medie para evitar un incidente entre ambos países. Que igual estoy pidiendo demasiado, pero es que yo veo que esta historia promete y no quiero que decaiga en la segunda temporada.

Me encantaría saber qué opinan de todo esto las feministas de cuarta ola. Pagaría por una manifestación con pancartas y gritos de “Haya está en mi casa”. ¿Los 35 millones serán privilegios patriarcales a los que renunciar? ¿Aceptaría Francisca Granados llevar el caso? Cuántas dudas. Voy a llamar a Irantzu Varela a ver si me aclaro.