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Cocinas grandes para mujeres libres

La idea que tienen en Euskadi de lograr la igualdad, esa que parece que no tenemos, entre hombres y mujeres es obligar a construir cocinas más grandes.

La idea que tienen en Euskadi de lograr la igualdad, esa que parece que no tenemos, entre hombres y mujeres es obligar a construir cocinas más grandes. Y colocarlas junto a la sala de estar. Obligatoriamente. Me gustaría mucho conocer al especialista en perspectiva de género con el que han contado para llegar a esta conclusión.

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La idea que tienen en Euskadi de lograr la igualdad, esa que parece que no tenemos, entre hombres y mujeres es obligar a construir cocinas más grandes. Y colocarlas junto a la sala de estar. Obligatoriamente. Me gustaría mucho conocer al especialista en perspectiva de género con el que han contado para llegar a esta conclusión (es una especialista, además, experta en urbanismo con perspectiva de género, ojo cuidado). La verdad es que es, literalmente, una perspectiva muy de género la suya: las mujeres a la cocina y los señores a la sala de estar. Con la tele, las pantuflas y su cervecita. Y ellas con su delantal y sus manos en la masa. ¿Y cómo podemos hacer para que la mujer se sienta más libre? Pues vamos a hacerle la cocina más grande. Y vamos a acercarla a la sala para que no tenga que andar tanto de un lado a otro de la casa y la cena no llegue fría a la boquita de su hombre. Y que ahorre unos minutos de travesía que bien podrá invertir en fregar los platos mientras él se toma el coñac en copa de balón.

A mí, qué queréis que os diga, me parece un despropósito. No mayor que los que venimos observando y a los que ya nos tienen acostumbrados, pero sí un despropósito de dimensiones considerables. Porque, para que alguien llegue a la conclusión de que la mujer necesita más espacio en la cocina, tiene que estar convencido, necesariamente, de que la cocina es el hábitat natural de la mujer. A nadie se le ocurre hacer más grande la jaula del tigre para que se sienta más cómodo en ella el león. Y ese alguien, ojo, tiene un carguito y ha convencido a todo un equipo de trabajo de que eso es bueno para la mujer. A ese alguien le están pagando por decir que la mujer en una cocina grande va a estar mucho mejor.

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No es ya que me moleste que presenten como avance social lo que no es más que la consecuencia directa de una idea retrógrada y mucho más machista que el machismo mismo que dicen combatir, no. Lo que más me molesta es que se pierda el tiempo (y el dinero) con estas tonterías en lugar de invertirlo en solucionar problemas reales. Porque quizás, el problema real de un alto porcentaje de esas mujeres, algunas de ellas mayores de cuarenta y cinco años, paradas de larga duración y con cargas familiares, sea cómo llenar la nevera de esa cocina y no el tamaño de la misma. Eso por no hablar de la intromisión en aspectos como los gustos personales de cada cual respecto a la distribución y tamaño de su vivienda o de arquitectos y diseñadores a la hora de desarrollar su trabajo con libertad creativa.

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De verdad que la ocurrencia me parece tan de traca que al leer el titular estaba segura de que era de El Mundo Today. He tenido que mirar dos veces, frotarme los ojos y afinar la vista para dar crédito a lo que leía. ¿En serio nadie en esa reunión o al recibir el borrador tuvo a bien decirle a alguien “ven que te explico”? ¿A todo el mundo le pareció una buena idea? A la vista del disparate, me imagino las propuestas descartadas más o menos así:

-Pocos desniveles y escalones para que no sea incómodo cuando lleve tacones y minifalda.

-Espejos grandes en el baño para que pueda ponerse guapa y cuidarse para tener a su marido contento. Y mucho espacio de almacenaje para sus potingues.

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-Vestidor, que a todas las mujeres lo que más les interesa son los trapitos.

-Apertura por reconocimiento facial, que todas perdemos siempre las llaves en esos bolsos llenos de cosas que llevamos.

-Cerca siempre de centros comerciales y tiendas de ropa. Y de gimnasios. Que a cierta edad, se descuelgan las carnes.

De verdad, a ver cuándo nos dejamos de tonterías y, en lugar de perder el tiempo con propuestas y medidas totalmente cosméticas y postureras, se cuenta con verdaderos especialistas que nos solucionen los problemas que de verdad nos preocupan a todos: el paro, la precariedad de los empleos y contratos, el acceso a la vivienda, la conciliación familiar... A ver cuándo dejan de convencernos de que nuestras preocupaciones son otras, cuándo dejan de hacernos luz de gas, y se dedican a solventar esos asuntos que nos desvelan a todos, hombres y mujeres. Porque a fuerza de insistir en que nuestro gran problema es el machismo y la desigualdad, a costa de intentar convencernos de que como mujeres sufrimos una discriminación escandalosa, este feminismo enajenado y psicótico se parece cada vez más a una madre aquejada de un Munchausen por poderes que no se lo acaba, enfermándonos constantemente para luego cuidarnos y atendernos, para sentirse necesitada y útil. Y mira, casi que mejor y visto lo visto, que nos deje como estamos. Gracias.