Carla Bruni, estrella en el regreso de Schiaparelli

Marco Zanini recupera el esplendor de la mítica firma italiana. Versace abrió ayer la Semana de la Alta Costura de París

En primera fila, sonriente y sin perder copla de lo que sucedía en la pasarela. Carla Bruni se sentó ayer en el «front row» parisino junto a Jean Paul Gautier, Elle Macpherson y Farida Khelfa para disfrutar del renacimiento de la casa Schiaparelli. La fantasía y el surrealismo de Elsa Schiaparelli volvieron ayer a brillar en la Ciudad de la Luz con el primer desfile de la marca tras casi sesenta años. El artífice del milagro fue Marco Zanini, que contó con el apoyo del empresario Diego Della Valle. «Quería mostrar todos los elementos de la personalidad de su creadora: excentricidad, elegancia y ''chic''», aseguró el diseñador tras finalizar el espectáculo. Y lo consiguió. Su reto más difícil fue actualizar el estilo y los códigos de una modista que se instaló en París en 1922.

El icónico rosa

Así, Zanini ha conseguido lo imposible: conjugar lo que hace casi un siglo se consideraba excéntrico con las tendencias actuales. ¿Y cuál ha sido la fórmula para conseguir esta fusión? Apostar por las formas exageradas y por los clásicos estampados pintados a mano con motivos del universo de Schiaparelli. En el íntimo desfile –celebrado cerca del histórico taller de la modista italiana en la Plaza Vendome– la apertura fue para una modelo con sombrero pirata y un vestido de crepé de seda, estampado con estrellas en azul real, marfil y el icónico «shocking pink» (rosa impactante), tan característico de Schiaparelli. Tan cerca estuvo de las ideas de la modista –que introdujo cremalleras visibles en las prendas, el uso del fucsia y la incorporación de motivos como los insectos–, que tuvo sorpresas para las modelos y el público, como una simple chaqueta de corte masculino que al darle la vuelta se convierte en otra prenda recubierta de plumas de avestruz. Así, Zanini, que consiguió revivir a Halston y Rochas anteriormente, preparó un espectáculo de modelos extraños pero con la elegancia y la creatividad que caracterizaban a Schiaparelli. Telas gruesas, tocados surrealistas, faldas muy originales y trajes con el conjunto chaqueta y pantalón de brocados irisados en verde agua son algunos de los detalles salidos de la mente del diseñador. Uno de los modelos más aplaudidos fue un vestido largo, holgado y recto con rayas bordadas en lentejuelas de muchos colores. Los asistentes pudieron disfrutar del arte de Zanini que no llegó al «feísmo» del original pero que aportó una belleza sin orden llena de joyas surrealistas como brazaletes a modo de hiedras y un broche de mosca en un sombrero tipo años 20.

Los asistentes no se sintieron defraudados. «Estaba la imagen de Schiaparelli que imaginaba, con algunos estampados y su originalidad. Claramente lo pueden vestir las mujeres de hoy en día», precisó Carla Bruni tras el desfile. Gaultier estuvo de acuerdo y matizó que se trataba de una colección «romántica y, al mismo tiempo, muy actual». La modelo que clausuró el desfile, que era una novia con pantalón y chaqueta bordada con palmeras, ofreció el último giño a Schiaparelli: ésta estaba cerrada con una cremallera en la espalda. Puro «Schiap».

Pero, aunque el regreso de la mítica firma italiana fue el principal atractivo de la Semana de la Alta Costura, la jornada de ayer tuvo otros alicientes, como el desfile de Versace, que contó con Lady Gaga como musa indispensable en su «front row». Quizá como metáfora de los apuros económicos que está atravesando la casa, en la colección predominaron los rostros velados y algo taciturnos. Es lo que Versace definió como «capuchas»: unas suerte de tules de seda cubriendo la cabeza de los modelos a modo de «hiyab». Junto con los drapeados y los bordados geométricos fueron uno de los «leitmotiv» del desfile que, a buen seguro contrastará con los diseños de Chanel, Elie Saab o Christian Dior, que se esperan estos días.

El detalle

MUSA DEL SURREALISMO

Modista italiana famosa por sus diseños innovadores, fantasiosos, surrealistas y atrevidos para su época. Trabajó con Dalí y Cocteau en ideas vanguardistas como el sombrero–zapato o el bolso en forma de teléfono. Su color era el rosa «shocking» y fue la principal rival de Coco Chanel hasta los años 50.