El guardaespaldas con el que escapó Haya de Jordania

Los rotativos británicos apuntan a que la ruptura de la princesa con el emir de Dubái se debe a su relación «inapropiadamente íntima» con un miembro de su equipo de seguridad al que colmaba de regalos y atenciones.

El jeque Mohammed y la princesa Haya eran asiduos a las carreras de caballos en Londres, donde daban muestras de pareja enamorada. Foto: Gtres
El jeque Mohammed y la princesa Haya eran asiduos a las carreras de caballos en Londres, donde daban muestras de pareja enamorada. Foto: Gtres

Los rotativos británicos apuntan a que la ruptura de la princesa con el emir de Dubái se debe a su relación «inapropiadamente íntima» con un miembro de su equipo de seguridad al que colmaba de regalos y atenciones.

La princesa Haya de Jordania (45 años) llevaba meses planeando su huida. Escapó de la «jaula de oro» en la que vivía junto a su marido el emir de Dubái Mohammed bin Rashid (69), gracias a la ayuda de un diplomático alemán, con 34,6 millones de euros en la maleta para comenzar una nueva vida en Londres junto a sus hijos Al Jalila (11 años) y Zayed (7). El pasado martes, «The Guardian» publicó que la hija del Hussein I había iniciado los trámites de su divorcio en un tribunal de Londres. Según amigos cercanos, Haya abandonó el palacio porque llegó a «temer por su vida, por la actitud monstruosa del jeque». Éste, según publica «Daily Mail», se sentía molesto por la presunta relación que su sexta esposa mantenía con un guardaespaldas británico, ex oficial del Ejército, que acompañaba a la familia real jordana en sus viajes por el extranjero. Sin embargo, las mismas fuentes hablan de «celos infundados». Según revela «Times», la princesa colmaba de regalos a este miembro de su equipo de seguridad, perteneciente a la empresa UK Mission Enterprise, y, en general, tuvo una actitud «inapropiadamente íntima» con él, lo que explicaría, en cierto modo, el poema que Mohammed bin Rashid compartió en su perfil de Instagram en el que hablaba de una «traición». Con el título: «Viviste y moriste» le dice a su esposa: «Traidora, traicionaste la confianza más preciosa y tu juego ha sido revelado. Tus días de mentir han terminado y no importa lo que éramos y lo que eres». De momento, Haya y sus hijos permanecen escondidos en la casa que tienen cerca del palacio de Kensington, mientras su marido trata de obtener una orden judicial que le permita recuperar a los niños y llevarlos de vuelta a Dubái. En una entrevista exclusiva a la revista femenina «Emirates Woman», la princesa fugitiva abrió su corazón y confesó que «por encima de todo, nacemos libres y nadie puede ponerte en una jaula, excepto tú mismo». Ahora aquellas palabras suenan como un presagio tras su huida a la capital británica. Basándose en los rumores de la prensa amarilla británica –ya que los trapos sucios de palacio siempre se quedarán en palacio–, Haya también decidió abandonar a su esposo tras descubrir que él ordenó el secuestro y el regreso a la fuerza a Dubái de una de sus hijas, la jequesa Latifa, que había intentado escaparse el año pasado. Así fue como la princesa sufrió una enorme decepción al conocer el lado oscuro de su esposo y decidió poner fin a 15 años de feliz matrimonio.

AMOR ¿VERDADERO?

La suya ha sido una verdadera historia de amor, o al menos eso cuenta la Prensa rosa o se ve en las fotografías en las que la pareja se mostraba sonriente y con mirada enamorada. La única hija de la reina Alia de Jordania, que murió trágicamente en un accidente de helicóptero cuando ella tenía tres años, encontró en el jeque Mohammed su media naranja. «Mi mayor inspiración es mi esposo», declaró en otra entrevista. Haya y el emir de Dubai compartían muchas cosas en común. Su pasión por los caballos pura sangre, él para comprarlos y ella para montarlos. Sus Altezas Reales se conocieron, precisamente, en los Juegos Ecuestres Mundiales celebrados en Jerez en 2002. Dos años después, la princesa Haya prometió amor eterno al jeque Mohammed, que le doblaba la edad y llevaba cinco matrimonios antes de conocerla que le bendijeron con 21 hijos, y un patrimonio que asciende a 15.000 millones de euros. La caza, las prácticas de tiro, los deportes acuáticos y los coches de carreras, –a Haya le encanta conducir un Aston Martin– son otras aficiones compartidas. Haya no es una princesa común; es la única mujer en ganar una medalla en los Juegos Ecuestres Panárabes y fue dos veces presidenta de la Federación Ecuestre Internacional (FEI) de (2006 a 2014). A su currículum de excentricidades hay que añadir que es la única mujer jordana en sacarse el carnet para conducir vehículos pesados. Además, la hermanastra del rey Abdalá II compite con su marido en las galas benéficas. A veces, incluso se ha comparado a Haya con la princesa Diana tanto por su elegancia como por sus labores filantrópicas. La princesa de Jordania es mensajera de la Paz en la ONU y embajadora del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Haya confiesa que siente admiración y devoción por la reina Isabel II, a quien le tocará mediar entre ella y el jeque Mohammed para que su divorcio no termine por convertirse en un incidente diplomático entre Gran Bretaña y los Emiratos Árabes Unidos. Al jeque Mohammed se le reconoce como un visionario. Este príncipe beduino, desde que ascendió al poder en 2004 junto con su hermano el jeque Jalifa tras la muerte de su padre el jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan, han convertido el desierto de Dubai y Abu Dhabi en un oasis de cemento y ladrillo. Tiburón en los negocios, el emir de Dubái supo atraer a decenas de miles de inversores extranjeros para que depositaran su capital en la ciudad de los rascacielos. Excentricidades como la isla de las Palmeras; Burj Dubái, la torre más alta del mundo; Burj Al Arab, el hotel más lujoso del mundo; Emirates Mall, un centro comercial con una pista de esquí en el interior, y el circuito Yas Island, donde se celebra el Gran Premio de Abu Dhabi de Fórmula Uno, entre otras, sirven como reclamo para atraer a inversionistas y turistas. Pero debajo de aspecto de «Lord» inglés cuando va a ver carreras de caballos a Londres se esconde la chilaba de beduino, y la traición a la familia es un crimen que el jeque Mohammed no perdona. El emir de Dubái no consigue comprender cómo se le ha escapado su más amado halcón encerrado en su jaula con barrotes de oro y adoquines de puro mármol blanco de carrara.