
Documental
Paris Hilton, más allá del personaje: la heredera que convirtió el trauma en legado
"nfinite Icon: A Visual Memoir", el nuevo documental estrenado en cines, revisa la vida de una de las celebridades más influyentes -y malinterpretadas- del siglo XXI

Durante años, Paris Hilton fue un cliché con piernas largas y bolso diminuto. A finales de los noventa y principios de los dos mil, su imagen de heredera noctámbula, omnipresente en clubes y alfombras rojas, parecía confirmar el veredicto popular: famosa por ser famosa. Sin referentes previos para este nuevo tipo de celebridad hipermediática, el público y los paparazzi optaron por la simplificación. Pero Infinite Icon: A Visual Memoir, el documental que acaba de llegar a los cines, propone otra lectura: la de una mujer que aprendió a esconderse a plena vista.
Para la tímida Paris, las discotecas no eran un escaparate, sino un refugio. La música, la multitud y el ruido funcionaban como un escudo frente a una adolescencia marcada por la incomprensión y el castigo. Bisnieta del magnate hotelero Conrad Hilton, se escapaba del colegio para salir de fiesta, hasta que sus padres decidieron enviarla a varios internados reformatorios. El último, Provo Canyon School, en Utah, se convirtió en una pesadilla: once meses de abusos verbales, aislamiento extremo y prácticas que ella misma ha descrito como torturas. "Construí un personaje para esconderme detrás", ha confesado. Este febrero, Paris cumple 45 años.
"La fama es una plataforma"
Ese pasado explica muchas cosas. También el silencio que rodeó uno de los episodios más traumáticos de su vida: la filtración en 2003 de un vídeo sexual grabado con su entonces pareja, Rick Salomon, sin su consentimiento. El escarnio público fue brutal y la dejó profundamente deprimida. Paradójicamente, aquella exposición masiva impulsó su carrera televisiva. Hilton decidió apropiarse del relato: "La fama es una plataforma. Se trata de adueñarte de tu historia y crear una marca".

Así nació The Simple Life, el "reality" que protagonizó junto a Nicole Richie y que definió su imagen pública durante cinco años. Los roles estaban claros desde el primer día: Nicole sería la chica mala; Paris, la cabeza hueca. Una caricatura que funcionó… y que la encasilló. "No soy tonta, me lo hago", repitió durante años la mujer que, sin saberlo, estaba sentando las bases del influencer moderno y popularizando el selfi como herramienta de marca personal.
Mientras el mundo se reía, Paris construía un imperio: perfumes, moda, joyas, sesiones como DJ y una fortuna estimada en 300 millones de dólares. Hoy es madre de dos hijos junto a su esposo Carter Reum y CEO de 11:11 Media, la empresa con la que ha producido su propio documental.

Pero el giro definitivo está en el activismo. Hilton ha logrado cambiar 20 leyes estatales y aprobar dos federales para proteger a menores frente a abusos institucionales, y recientemente ha defendido en el Capitolio una ley contra las imágenes explícitas falsas creadas sin consentimiento. "Convertir mi dolor en propósito ha sido lo más significativo de mi vida", afirma.
Quizá por eso Infinite Icon no busca redención, sino comprensión. Porque detrás del personaje siempre hubo alguien que supo resistir, reinventarse y, finalmente, hablar.
✕
Accede a tu cuenta para comentar


