La aristocracia taurina en la boda de Ureña: "Casarme es el triunfo que creí que no llegaría"

El murciano pone la guinda a una temporada extraordinaria que ha ido de sorpresa en sorpresa, desde su tempranísima reaparición en fallas hasta su boda, hoy con Elena González.

El murciano pone la guinda a una temporada extraordinaria que ha ido de sorpresa en sorpresa, desde su tempranísima reaparición en fallas hasta su boda, hoy con Elena González.

Un torero nunca reconoce «ser de estadísticas», pero Ureña, de 36 años, sí las recuerda. Como para no hacerlo. El de Lorca reaparecía en Valencia, en un lejano mes de marzo después de un percance que a cualquiera le habría hecho replantearse su futuro. Pero Ureña se rehizo para reinventarse, para resurgir, y lo logró en tiempo récord, tan solo seis meses después del terrible percance en el que perdía un ojo, a finales de la temporada 2018. Lo que parecía que iba a ser un año de recuperar sensaciones se ha convertido en uno de los más importante de su carrera. Tres fechas clave han marcado su temporada. Su esperada reaparición en Valencia daba muestras de la actitud y ambición del torero murciano, en Madrid confirmó que el mejor Ureña estaba de vuelta con una rotunda Puerta Grande y en Bilbao firmaba una gesta histórica que no se repetía desde los años 60 de El Cordobés: cortar cuatro orejas en dos toros en la Semana Grande. Y en plena ruptura profesional con Simón Casas conquista también su cima personal. Se casa. Por sorpresa, algo a lo que parece estar acostumbrado, a dejar en ridículas las esperanzas que los demás pusieron en él. Y con esta misma actitud inicia una nueva etapa tanto personal como profesional, con nuevo apoderado y metas todavía más ambiciosas.

–¿El resultado de esta temporada también ha superado sus propias expectativas?

–No, creo que he sido el único que no se ha sorprendido (se ríe). Desde el primer momento en el que fui consciente de las consecuencias que iba a tener lo de Albacete tuve claro que mi objetivo inmediato era reaparecer, pero solo lo haría si me volvía a sentir al cien por cien. Me horrorizaba la idea de que a partir de ese momento la gente me viese como un torero herido. Ese ha sido mi empuje para volver mejor todavía.

–¿Qué triunfo le ha marcado más en la temporada, Valencia, Madrid o Bilbao?

–Evidentemente esas tres han sido las fechas clave, pero ante todo destacaría la regularidad. También he sido triunfador en Almería, Santander y Nimes. De principio a fin. Todo esto ha hecho que sea el torero con mejor porcentaje de orejas cortadas en plazas de primera en relación con toros lidiados. Ese es un dato que para mí marca realmente la diferencia entre unos y otros».

–¿Y cuál ha sido el momento en el que ha sentido una felicidad más plena?

–Sin duda el día de mi reaparición en Fallas. Para mí fue el día en el que el hombre se reencontraba con el torero. Me volví a sentir yo.

–¿Se siente el triunfador de la temporada?

–Aunque no sea yo el que tenga que decirlo, sí creo que hay argumentos para sostener esa idea. Si nos ceñimos a las cifras y las estadísticas, seguramente sí lo sea.

–Gran parte de culpa de este éxito la tiene su gran capacidad de autoexigencia. Una oreja nunca es suficiente, y menos si es en Madrid.

–Quizá la espina de esta temporada sea la tarde de la Feria de Otoño (el mano a mano con Perera). A pesar de la buena actuación que dejé, guardo un sabor agridulce porque soy consciente de que se escapó un triunfo rotundo. La suerte no estuvo de nuestro lado. Si Perera no hubiese pinchado al quinto tenía la Puerta Grande asegurada y yo también la vi cerca. Además, que se echasen para atrás gran parte de los toros inicialmente reseñados tampoco ayudó a un éxito mayor.

LA NUEVA ETAPA DE UREÑA

– Las rupturas suelen llegar en épocas de dificultades, por lo que después de este año casi perfecto, ¿cómo explicaría a alguien que no conozca el mundo del toro su desvinculación de su apoderado, Simón Casas (empresario de Las Ventas)?

–Ha sido perfecto en números y me siento agradecido por la progresión que he vivido durante este tiempo con él. Pero ha habido situaciones en las que no hemos coincidido. Siempre he preferido equivocarme a que me equivoquen.

–¿Y qué buscará en su nuevo apoderado?

–Simplemente que defienda mis intereses a capa y espada y que vele para que mis logros se tengan realmente en cuenta.

–Vuelve a México después de dos años ¿Siente que América también debe poder disfrutar de su gran momento?

–Sí, pero será una campaña cortita, no más de cinco o seis tardes. Mi prioridad es llegar lo mejor preparado posible a 2020.

–Hoy la figura de Dámaso González pasará a ser uno de los pilares de su familia (se casa con su hija, Elena González), pero su huella ya estaba marcada en su vida, ¿verdad?

–Totalmente. Él y José Tomás han sido los toreros que más han significado para mí. Pero Dámaso en particular creo que es el responsable de lo que somos capaces de hacer hoy la gran mayoría de toreros ante cualquier tipo de toros. Además, aunque desgraciadamente hace ya dos años que no está con nosotros, se le sigue recordando en cada plaza que piso y eso es lo más grande que alguien puede conseguir.

–¿A alguien que se enfrenta a animales de 600 kilos le intimida el día de su propia boda?

–Sí, (se ríe). Aunque no he parado con los preparativos ya me empiezan a atacar los nervios. Llegué a pensar que casarme era el triunfo que nunca alcanzaría, pero parece que todo llega. Después de tanto sacrificio es el momento de celebrar. Doy gracias a la vida.