La hija artista de la jueza Alaya

A punto de cumplir 30 años, Elena Castro Alaya es pintora, escultora y videoartista, pero trabaja en un catering y hace «cupcakes» y postres en su tiempo libre.

Mercedes Alaya se ha convertido en el buque insignia de la lucha contra la corrupción y el delito en este país. Ecijana de pro, licenciada en Derecho por la Universidad de Sevilla y titular del Juzgado nº 6 de dicha capital desde 1998, la «superjueza», como la Prensa ha terminado por apodarla, se ha caracterizado siempre por su firme defensa de la justicia: una mujer valiente, meticulosa, tenaz y decidida a cumplir con su función. La admiración que ha despertado en el ámbito de los tribunales ha dado el salto, como no podía ser de otra manera, al ámbito ciudadano, y a las alabanzas a su labor judicial se añaden las realizadas a su estilismo y a su buena planta. El pasado sábado se «recasaba», a sus 50 años y después de 30 de matrimonio, y renovaba sus votos con el auditor Jorge Castro García. Lo hizo en una ceremonia celebrada en la iglesia sevillana de San Alberto Magno, en el oratorio de San Felipe Neri, en la que hubo empujones y forcejeos para hacer la foto del día y grandes medidas de seguridad después de que hubiera cambiado el lugar de celebración unas horas antes para despistar a la Prensa, precisamente por haberse convertido en un personaje cuya repercusión va más allá de las paredes del tribunal. Aquel día, junto a Alaya y Castro había un centenar de familiares y amigos muy cercanos, y sólo un par de magistrados. El decano de los jueces de Sevilla, Francisco Guerrero, y otra jueza compañera de promoción de la «megajueza». Pero quienes no faltaron fueron los hijos del matrimonio. Aunque el retraimiento y el celo con el que doña Mercedes aborda su vida privada impide saberlo con seguridad, en la actualidad se cree que tiene cuatro hijos. La mayor de ellos es Elena Castro Alaya, que acudió a la ceremonia con su pareja desde hace 11 años, José Luis Serna, con un ajustado vestido largo en terciopelo violeta y una corona de flores al más puro estilo Lana del Rey. Y es que Elena ha adquirido la belleza –tez pálida y cabellera oscura incluidas– y el estilo de su madre, encumbrada como la «jueza fashion» de España.

Artista «outsider»

Licenciada en Bellas Artes, Elena Castro Alaya ha estudiado tanto en la Universidad de Bellas Artes de Sevilla como en la de Cuenca, además de haber completado su formación en la Escuela de Artes y Oficios (de donde se llevó unos buenos amigos con los que todavía mantiene relación) y de haber cursado un máster en Arte, Idea y Producción. Su particular visión artística aborda varios campos, que van desde la pintura hasta la escultura, pasando por trabajos de dibujo, de fotomontaje y de vídeo. Muchas de sus obras se caracterizan por tener una temática oscura y arriesgada que podría incluirse dentro del arte marginal y «outsider», que se caracteriza por un rechazo de lo bello y de los planteamientos tradicionales del arte, un carácter tosco y grotesco y formas deformadas, con gran libertad de trazo y cromática. El arte de la mayor de los Castro-Alaya cumple estas características en sus pinturas: una mujer desnuda que grita con las cuencas de los ojos vacías, un payaso grotesco que sonríe amenazante a quien se atreve a posar los ojos en él, una mujer atravesada por un asta de toro y una banderilla... Las figuras femeninas son protagonistas: generalmente desnudas, Elena Castro las dibuja denunciando la idea de mujer objeto, razón por la que aparecen constreñidas por una cinta métrica, rodeadas de tenedores y utensilios de cocina, de pie dentro de un cubo de fregar o con múltiples pechos, dando de mamar. La clave de su arte estaría en los sentimientos que muestra; en este caso, el desgarro, la cosificación y la deshumanización. Y lo hace mostrando la peor cara y de la peor forma: locura y sinsentido. Muestra una ruptura abrupta con influencias ambientales (la televisión, el cómic, la publicidad). Sus esculturas siguen la misma línea: un maniquí femenino sin cabeza aparece oprimido por múltiples cintas métricas a través de las que se escapan delatores michelines, y una bandeja que normalmente contendría alimentos aparece repleta de pechos femeninos, envasados y etiquetados como si se tratara de un producto de consumo. «Ahora no estoy exponiendo, pero para septiembre tengo previsto montar algo», confesaba hace unos días. Mientras tanto, la artista continúa realizando cuadros por encargo (éstos un poco más coloristas y alegres), postales de diseño, dibujos y cajas de madera que decora con motivos animales y después vende.

Una relación de 11 años

Pero mientras continúa desarrollando su vena artística, la pintora busca ingresos a través de otras dos vías: por un lado, trabaja en el catering Miguel Ángel de Sevilla, especializado en bodas y otros eventos (quizá fuera también la empresa elegida por sus padres para celebrar su renovación de votos matrimoniales); por otro, realiza «cupcakes» y tartas por encargo. Todo ello le ha permitido volar del nido paterno y adquirir una propiedad en el cercano municipio de Alcalá de Guadaíra (a tan sólo 17 kilómetros de la capital hispalense), en la que vive desde hace un año con su novio, José Luis Serna. Ambos hacen una vida tranquila y familiar con su perra, Bambú, con la que disfrutan de largos paseos por el campo andaluz, rutas en bicicleta, escapadas al entorno del pantano de Guadalhorce y por «El Caminito» de Guadaíra. Y es que Elena es una gran amante de la naturaleza y el aire libre. De hecho, su estilo es relajado y bastante «sport»: luce «palestinas», zapatillas deportivas y camisetas de tirantes. En sus redes sociales comparte, además de fotografías de fiesta y carnaval, mensajes sobre el día internacional de la mujer trabajadora, el 25-S (y aquel reivindicativo «Rodea el Congreso»), animando a acudir a la huelga general del 14 de noviembre de 2012 (con una foto en la que aparecen los sindicalistas a los que persigue su madre)... Sus ideas las refuerza a través de programas como «El Intermedio», mientras que en el plano musical se decanta por artistas como Yoko Ono, Estrella Morente o Miguel Poveda. En definitiva, toda una caja de sorpresas que parece no compartir grandes rasgos con su madre, a quien Izquierda Unida definió como «pija, ultra y católica».

A su lado en la «reboda»

Madre e hija coincidieron al elegir estilismo el pasado 15 de marzo. Mercedes Alaya se decantó por un vestido de aire retrorromántico de la firma Ángela y Adela para renovar sus votos matrimoniales con el auditor Jorge Francisco Castro. Por su parte, su hija Elena (abajo, junto a su novio, José Luis Serna) escogió un vestido largo y naíf en terciopelo violeta y una corona de flores en tonos rosados para acompañar a su madre al altar. En la «reboda» de sus padres coincidió con familiares y amigos, y departió especialmente con su prima, Clara Alaya Romero, con quien mantiene una buena relación. Mercedes Alaya tuvo a Elena cuando aún era estudiante en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, por lo que la magistrada sólo le saca 20 años a su hija.