La ruina de la moda española

Los diseñadores se enfrentan a despidos, ERE y cierre de tiendas.. «El prêt à porter en nuestro país está casi en coma», reconoce Alma Aguilar

En la imagen, un momento del desfile de Davidelfin de la pasada edición de la Fashion Week Madrid
En la imagen, un momento del desfile de Davidelfin de la pasada edición de la Fashion Week Madrid

La moda española se asfixia. Los diseñadores ven frustrados sus sueños y los negocios que regentan no cumplen las expectativas. Los pequeños talleres de la industria textil en España, que contribuye según datos actuales al 4% del PIB, no pueden más. Esta semana se conocían dos nuevos casos que ponían en el punto de mira a la creación nacional . Victorio &Lucchino presentan un concurso de acreedores voluntario y Hannibal Laguna tiene que hacer frente a siete sentencias diferentes por impago a sus empleados. «Estamos preocupados por la situación que vivimos, pero con tesón y esfuerzo seguimos adelante y sobre todo trabajando mucho», explican a este diario desde el estudio de los diseñadores sevillanos. Y a juzgar por lo que dicen los últimos informes sobre esta industria, las cifras son de todo menos alentadoras. Desde 2007, las empresas dedicadas al sector textil y de confección han disminuido de 14.062 a 9.389, teniendo en cuenta que 3.273 de estas últimas son de más de cinco trabajadores. «Es un sector muy atomizado y las pymes son las que están sufriendo más los efectos de la crisis», asegura Víctor Fabregat del Centro de Información Textil y de la Confección.

Concurso de acreedores

Para entender mejor cuál es el problema de la moda española, resulta necesario explicar las diferencias que existen en el sector. Por un lado, se encuentran los grandes grupos como Inditex o Mango que, lejos de asumir pérdidas, disfrutan de la edad de oro de la «fast fashion» –que al igual que la comida rápida habla de prendas a bajo precio e inmensa producción inspirada en las últimas tendencias–, mientras que, por otro lado, malviven los pequeños creadores de taller que ahora, desgraciadamente, invierten más tiempo en cuadrar números que en pensar en sus nuevas colecciones. Adolfo Domínguez se ha visto en la obligación de presentar un ERE para despedir a cincuenta personas de su sede central, igual que Modesto Lomba, quien entró en concurso de acreedores voluntario y despidió a cuatro de sus cinco empleados con la intención de «sanear» su compañía tras verse impedido para hacer frente a los pagos de sus trabajadores. «Son momentos muy complicados para todos y tenemos que buscar soluciones aunque sean difíciles», explica el diseñador de Devota&Lomba. «Ahora toca organizar las prioridades en el desarrollo de los proyectos de la empresa, que en este momento pasa por volcarnos en nuestro atelier a medida y dejando con ello un poco de lado el prêt à porter, que en España está casi en coma», explica a LA RAZÓN Alma Aguilar, quien el año pasado se vio en la obligación de cerrar su tienda en Madrid y abandonó hace un año la pasarela madrileña. «Este año presentaremos la venta on-line de nuestros productos a través de nuestra web y nuestro blog», añade.

El que fue el «enfant terrible» de la moda española, David Delfín, es otro de los creadores que ha debido cerrar su única tienda en Madrid y apostar por la venta a través de su web, a pesar de, incluso, haber desfilado en Nueva York. El centro de diseño que Amaya Arzuaga tenía en Lerma también tuvo que echar la llave al igual que presentar un ERE en una de sus dos de sus empresas en 2009 para apostar por internacionalizar su marca, dejando así a más de 37 trabajadores sin empleo. Y es en este aspecto donde encuentran su salvación gran parte de los modistos. Si se presta atención a las cifras del sector, la exportación de la marca España funciona. Aunque los modelos de negocio no han sido rentables en nuestro país o «no han sabido ser rentables», según los expertos consultados por este diario, fuera de nuestras fronteras la moda genera beneficios. Las exportaciones han aumentado en cuatro años más de 2.000 millones de euros, una tendencia que confirma Luis Lara, profesor del ISEM Fashion Business School, al afirmar que la exportación fue la vía principal de crecimiento del sector, con un aumento del 11,8% y superando los 16.000 millones.

Mientras que Roberto Verino estancó su crecimiento en 2001 y tuvo que cambiar de ubicación su tienda del Paseo de Gracia de Barcelona, Carmen March, ahora directora creativa de Pedro del Hierro, abandonó su aventura en solitario, dejó Cibeles y cerró su tienda madrileña. Algo parecido a lo que le sucedió a Elisa Palomino, la que fue presentada como la relevación de Cibeles y que tuvo que marcharse en 2012 a causa de problemas económicos. Kina Fernández también solicitó un concurso de acreedores y se enfrentó a 20 de los 45 empleados de su empresa afectados por el ERE que llevó a cabo. Como consecuencia de los problemas que viven las empresas de moda en nuestro país, muchos de los creadores han decidido dejar de desfilar en la Mercedes-Benz Fashion Week. ¿Los motivos? Desde la falta de dinero para costearse el desfile a la apuesta por buscar alternativas que puedan reportarles mayores beneficios que la pasarela madrileña.

Bajas a granel

Lo cierto es que en estos dos últimos años han sido más de diez los diseñadores que han dicho adiós a Cibeles. José Castro, Carmen March, José Miró, Antonio Alvarado, Lydia Delgado, Miriam Ocáriz, Elio Bernhayer, María Barros, Javier Larraínzar, Nicolás Vaudelet, Alma Aguilar, Adolfo Domínguez y Elisa Palomino son los nombres que se han bajado de la pasarela desde 2010. «No fue nada fácil, pero tuve que elegir. En aquel momento y con la situación de los mercados, consideramos que debíamos desarrollar varios proyectos nuevos, algo que requería toda mi dedicación», asegura Ocáriz. Además, según ha sabido LA RAZÓN, este año habrá una nueva baja, Lemoniez: «No puedo decir que esté descontento, pero busco vías distintas para presentar mi colección en un lugar que se acerque más a la filosofía de mis creaciones», y asegura que ya se lo ha hecho saber a la directora de la MBFW, que le ha dejado «las puertas abiertas para cuando desee regresar».