Muero por ese Chanel rosa

Carmen Lomana lució un diseño de Jorge Vázquez durante la entrega de los Prix de  «Marie Claire»
Carmen Lomana lució un diseño de Jorge Vázquez durante la entrega de los Prix de «Marie Claire»

Reconozco que a veces tengo ataques de frivolidad y estos días me dan continuamente: cada vez que veo imágenes de la muerte de Kennedy y aparece esa Jackie maravillosa trepando por el Ford Lincoln, sólo me importa su Chanel rosa, y lo quiero ¡ya! Sí, como lo oyen, lo demás carece de importancia: lo he visto desde el día que sucedió tan trágico asesinato cuando volvía del cole y en casa todos estaban pegados al televisor con cara de estupor. En ese mismo instante sólo me importó el Chanel rosa y desde aquí quiero rogar a «monsieur» Lagerfeld que vuelva a editarlo, pero sólo para mí. Esta semana empezó con un concierto de violín en mi casa la noche del sábado, un privilegio que dejó bendecido mi salón para siempre con el sonido del Stradivarius tocado por el virtuoso Alexandre da Costa. Tener ese violín en mis manos, acariciar su suavidad, sus formas perfectas, fue emocionante, un momento mágico y sublime. El XVII y XVIII fueron los siglos de oro de los «luthiers», la maravillosa acústica de estos violines procede de la elección de la madera en bosques que sufrieron glaciares y también del «vernis» (barniz), uno de sus secretos mejor guardados. La época dorada del Stradivarius fue de 1700 a 1725. Otro gran «luthier» fue Giuseppe Guarneri, con menos producción por su alcoholismo, que sólo le hacía producir cuando necesita dinero. En el mundo quedan 470 Stradivarius y Guarneris unos 120 custodiados por la orden eclesiástica Del Gèsu. Después de esta experiencia mística en mi casa y abducida por el barroquismo del XVIII tuve que saltar a un cuadrilátero de boxeo... ¿Que estoy loca? No. Fue un reto con los «Pelochos» del 11888, un divertidísimo vídeo que podrán disfrutar a partir del 2 de diciembre. También acudí el miércoles a la llamada de mi amiga Nuria March, que inauguró en Serrano la tienda Coach, una marca de bolsos que adoran las «it girls» americanas. No os la perdáis, merece la pena. Y no puedo terminar esta crónica sin esa tendencia mía a dar caña a nuestros gobernantes del PP que se financian con «black money» y arreglan sus edificios pagando en «B». Según se deduce de su contabilidad, mientras persiguen con inquina el blanqueo de dinero hasta el punto de no poder pagar en efectivo más de 2.500 euros... ¿Y si a mí no me da la gana tener Visa, qué pasa? Cree el ladrón que todos son de su condición y nos tratan como a presuntos delincuentes mientras Bárcenas lleva su dinero a Suiza. Y de nuevo se me queda cara de «pasmá». ¡Ah!, se me olvidaba, el jueves, en los Prix de la revista «Marie Claire» fue premiado Stuart Weitzman, zapatero prodigioso al que agradecimos que hable divinamente español. Fue un fiestón en la residencia del Embajador de Francia con mucho modelazo y «postureo».