Los actores premian a sus veteranas

Carlos Hipólito no se separó de la también premiada Asunción Balaguer

Noche de reconocimientos que fue aprovechada, la ocasión la pintaban calva, para ciertas actitudes mitineras disfrazadas de ironía. «El 21 por ciento sobre las entradas no es un impuesto, es una venganza», lanzó Iñaqui Guevara, denunciando la crisis del sector. Componen «la otra España» –que sigue viva, coleando, protestante– mientras algunas resaltan los premios Valle Inclán, invento de Anson y con 50.000 euros de dotación dados por la Coca-cola de Agustín de Quinto, digno hijo de aquel padre director que tanto revolucionó el teatro de su época con montajes únicos. Alguna nostálgica, como Julita Trujillo, con gesto compungido ante la inacabable Casa del Actor, evocó las noches del Premio Mayte, comparándolas con la otra cara de la moneda artística, donde campaban Emma Penella, Concha Márquez Piquer y un Manuel Gallardo que está ahora a punto de reponer su espectacular versión de «Don Mendo» con un insuperable Juan Carlos Naya –Sender lo convirtió en parodia remarcada por Pérez Puig–, con Carmen Morales en estado de gracia y Ana María Vidal dando clases de dicción. Falló Bárbara Rey porque prepara «El hotelito» con María Casal. Será después de verano y los del ripio ocuparán el Español circunstancialmente recuperado para nuestros grandes autores.

Contaban que rescatar «La chunga» de Vargas Llosa fue un empeño de Ana Botella, aunque Aitana Sánchez-Gijón no alcance el patetismo de Nati Mistral con Pepe Sancho y Emma Suárez. No se las vio por el atestado Teatro Capitol, ya gran recinto capitalino, jubilado el Albéniz al que tanta vida dio Teresa Vico. El Canal que dirige Boadella queda a trasmano, aseguraban ante una deslumbrante Charo López que estaba pasmada ante la revelación de Michael Douglas de por qué tuvo cáncer de garganta. Se pasó dándole a la lengua y la salmantina no lo entendía, como alguno tampoco comprendió el exceso de Pilar Bardem. Refulgía en lentejuelas negras contrastadas con mangas de gasa mientras Carlos Hipólito, nuevamente mejor actor por «Follies», se entregó a la ternura de Asunción Balaguer, también reconocida tras su debut en el musical. «Hemos de repetir lo que siempre decía Closas: ''Ante tanto galardón, inventaos alguna enfermedad para que os perdonen''», afirmó Hipólito, que dio fin a «Sonrisas y lágrimas» en el mismo escenario donde Julieta Serrano se vio sorprendida al ver a Jaime de Armiñán con un clavel rojo en la mano, como si fuese Melina Mercouri en su cantado «L'OEillet Rougue», en versiones inencontrables como las que recogen a Anna Magnani, poniendo música igual que los registros de Gina en «La mujer más bella del mundo» y Sofía. Aquí no se dio ése y tan solo Mistral y Pradera combinaron ambas actividades. Recordé lo que pone en un resumen de Julieta Serrano, que recibió el premio a toda una vida. El texto señala que «estrené clandestinamente ''Las criadas'' en Barcelona a causa de la censura franquista». Mienten: estuve en su estreno, fue sonado en el desaparecido Teatro Barcelona de las Rambla de Cataluña. Supuso una noche triunfal y duró varios meses, con sorprendente dirección de Víctor García.

Y premio póstumo para Mariví Bilbao, a quien su sobrina definió como «La tía punk». Era en la vida igual que en «Aquí no hay quien viva». Mientras, Adriana Ozores chocó por su gorro de paja playera que se endosó al triunfar con «Gran Hotel» igual que Concha Velasco como secundaria, mientras la gran Amparo Baró anticipó que no volverá a trabajar. Aunque lo dudaban, los cómicos son así.