Los últimos «retoques» de Adriana Abascal

Emmanuel Schreder, futuro marido de Abascal, besa su mano en el Open de Madrid

Aunque haya mermado el servicio aéreo, la Isla Blanca ya está despertando de su relativo letargo invernal. Las multitudinarias «discos» preparan para el 25 su apertura, con abundancia de chárteres. Ricardo Urgell estima que a finales de mes se celebrará por fin la apertura del nuevo Hotel Pachá, que será como un poblado dedicado a la diversión. Está al final de la Marina Botafoc, donde solía solazarse Cuqui Fierro y que ahora velan Jaime Cantizano y el doctor Antonio Tapias elucubrando rejuvenecimientos. Lo que fue un refugio casi solitario ya es tan céntrico como la populosa Vara del Rey. Mientras, Abel Matutes, genio y figura incansable, anticipa la apertura de un enorme local de comida rápida.

Y como la cosa va de inauguraciones, también el nuevo hotelito Santos tuvo su bulliciosa apertura, con María José Suárez en estado de gracia –le va lo de no estar enamorada, tras experiencias tan tristes como la que vivió con Feliciano López–, la dinámica Arancha de Benito –luciendo un capazo con calavera diseñado por ella–, Estefanía Luyk, el atractivo Joaquín Prat –que ha heredado lo mejor de su padre y la sonrisa de Marian– y Óscar Higueras, enternecido al celebrar con Sandra su cuarenta aniversario. La pareja suscitó la envidia de aquellos que no tienen la suerte de estar «enredados», como Aitor Ocio, que sorprendió por su blancura facial. «Es que en Bilbao llueve mucho», justificó haciéndole caras a la Suárez, a la que incluso besó de tapadillo. Su ex, Brenda, tuvo un pequeño percance automovilístico cuando salía de Pachá. La paró la Guardia Civil y se fue a casa con cuatro puntos menos en el carnet por estar pasada. Parecía lógico en esa noche mágica, al borde del mar, en un estreno un tanto –bastante– desorganizado, que pretendía convertir aquello en un South Beach español. Arancha con aire hippy, María José mostrando espalda sobre unos inverosímiles Leobutine, Estefanía con túnica de pedrería y Ángel Nieto apadrinándolo todo, aunque luego le dejaron una buena factura en Pachá que tendrá que negociar con Urgell. Fue inefable verlas pedir detalles del «bokake», una práctica sexual que está de moda. No las imagino practicándolo y dejándose hacer, por muy desinhibidas que sean.

Adriana Abascal animó aquello durante un viaje fugaz para rematar su bodón de finales de junio. Luis Galliusi le mostró los encantos de la vida rural de una Ibiza inextinguible que aún se conserva en Santa Gertrudis. La modelo inspeccionó los escenarios casamenteros para la que será su tercera boda civil. Se sabe que Nati Abascal la retocará, que Inés Sastre y Eugenia Silva encabezarán la lista de trescientos invitados que asistirán al enlace y que no habrá mariachis que le recuerden el México lindo y querido –pero ya superado–. Todo promete.