Rocco tras los pasos de mamá

Una foto del hijo de Madonna de 13 años con ginebra revoluciona internet. Tras subirse a un escenario de la mano de la reina del pop, el joven quiere ser rapero, como demuestran su ropa y su actitud rebelde

La imagen muestra a Rocco (en el centro) sosteniendo una botella de ginebra
La imagen muestra a Rocco (en el centro) sosteniendo una botella de ginebra

En un bocadillo sobre una imagen de la reina Isabel II se puede leer: «Sólo hay una reina, y esa es Madonna, perra». Se trata del perfil de Instagram de Rocco John Ciccone Ritchie, el hijo de 13 años de la diva del pop. Esta foto nos puede dar una idea del elemento mediático al que nos enfrentamos y que ha sembrado la polémica con otra instantánea –que su madre colgó en su propio perfil– en la que aparece junto a dos amigos mostrando botellas de ginebra y vodka. En el pie se podía leer: «La fiesta acaba de empezar. ¡Vamos 2014!». La imagen, tomada durante unas vacaciones de la familia en la estación alpina de Gstaad en Suiza, provocó el revuelo en los medios y entre el millón de seguidores de la cantante, que la acusaron de promover el consumo de alcohol entre los menores. Poco después, Madonna aseguró que se trataba de una broma: «Sólo estamos pasándolo bien. ¡Calmaos y tened un poco de sentido del humor! Nadie ha estado bebiendo. No empecemos el año juzgando». Unos días antes, él mismo había subido a la red una imagen con un amigo detrás de la barra de un bar y con una copa de champán.

Provocador

Aún así, los hijos mayores de la cantante empiezan a despuntar fuera del entorno materno. Rocco, hijo del matrimonio de la artista con el director Guy Ritchie, se encuentra en plena edad del pavo y ya se ha hecho un nombre en las redes sociales. Según sus propios deseos quiere ser rapero, y así lo demuestra, con su estilismo –pañuelo o gorra invertida en la cabeza, pelo rapado y ropa ancha–, y también en sus hobbies –videoclips, «snowboard», música electrónica de baile o «dubstep»–. La filosofía del rap también incluye muestras incontables de peinetas tipo «selfie» y expresiones que denotan su afán provocador, como «EE UU fuera de Siria». También cultiva su gusto por el ejercicio físico que le habrá legado su madre y la relación que ésta mantuvo hasta hace unos meses con el coreógrafo Brahim Zaibat. En las fotos y los vídeos podemos verlo ejercitando su musculatura, aunque es cierto que cualquier excusa es buena para que enseñe su torso en las redes sociales. Tiene su propio canal en YouTube en el que cuelga vídeos montados por él mismo y grabados durante las vacaciones. De hecho, Zaibat es uno de los participantes en piruetas y saltos mortales que acaban en la piscina de la lujosa casa familiar. Si el talento para la dirección de vídeos lo ha heredado de su padre, parece que su madre es la que se está encargando de ayudarle a conseguir la notoriedad para ser una figura en el mundo de la canción. Ya con 12 años lo subió al escenario en Tel Aviv y lo presentó como integrante del cuerpo de baile. Durante la actuación, el joven interpretó a un DJ con ropa brillante y unos enormes cascos y acabó disfrazado de monje. La experiencia le gustó tanto que en agosto del año pasado repitió en el concierto de la gira en Moscú.

La otra perla de la familia, Lourdes María León –a quien Madonna llama familiarmente Lola–, hija de la cantante y del bailarín cubano Carlos León, es más parecida a su padre en cuanto a carácter y forma de vestir, e incluso mantiene muy buena relación con él –como demuestra que en julio fuera testigo de la boda de éste con la diseñadora Betina Holte–. A sus 17 años, Lola se ha independizado porque quiere empezar una carrera en la interpretación en una prestigiosa escuela de Manhattan. Son conocidos sus excesos para llamar la atención, como raparse una parte de la cabeza, fumar en cantidades abusivas –Madonna llegó a declarar que «cada día es una negociación» para que reduzca su consumo–, y ridiculizar a su madre probándose vestidos de su gira y haciéndole burla en las redes. De momento, a la «reina del pop» le queda el consuelo de sus dos hijos adoptivos, Mercy James y David Banda, que a sus ocho años todavía no le dan ningún problema y es habitual verlos de la mano de su madre asistiendo a actos públicos y benéficos.