Rocío Molina: «Se puede mentir hasta andando»

–«Afectos». ¿Es afectuosa?

–Sí, y además necesito mucho afecto. Sin cariño no soy nada.

–Un espectáculo que trata de la incomunicación. ¿Qué comunica su danza?

–Sentimientos, emociones. Todo lo que se puede comunicar.

–O sea, algo más que un móvil...

–Mucho más. Mi espectáculo tiene lo que al móvil le falta: humanidad.

–¿Qué le cuesta más transmitir: amor, pasión, odio...?

–A través de la danza, todo me es fácil. Fuera de ella, todo me cuesta más. Me expreso mejor bailando que hablando. Soy tímida.

–A lo mejor un día prefiere declararse a su hombre con un baile...

–Supongo que lo podría hacer y quizá me resultaría más fácil.

–Dejemos que hable la danza. ¿Qué es su baile?

–La búsqueda de la libertad.

–¿Y la encuentra?

–Sí, en el escenario y en mi vida. Bailando me encuentro a mí misma. El escenario es mi mundo, ahí están mis leyes.

–Hábleme de sus leyes...

–Expresarme como soy, ser auténtica, no dejar que nada me contamine.

–También se puede mentir bailando, ¿no?

–Sí, se puede mentir hasta andando. Para mí no existe la mentira. No digo ni mentiras piadosas. Digo la verdad aunque duela.

–¿Con qué parte de su cuerpo dice más?

–Con la cintura, creo. Es la parte más potente de la mujer.

Me dijo Sara Baras que bailar bien no garantiza especiales habilidades sexuales...

–Si ella lo dice... Yo creo que, efectivamente, no las da.

–«Afectos»: una lucha por hallar la naturalidad. ¿La halla?

–Por lo menos me siento más segura en el escenario. Sin él soy como un pez fuera del agua.

–Baila apartando el ego y liberando la humildad. Como si hiciera yoga...

–Es que para mí bailar es una catarsis.

–¿Qué le cura?

–La tristeza, el estrés, la timidez... Bailar me cura todo, hasta el resfriado.

–Un tratamiento por bulerías...

Profesión: bailaora.

Nació: en 1984, en Málaga.

Por qué está aquí: se encuentra de gira por España con «Afectos», «Danzaora» y «Vinática».