Historia

«Heli»: Cadáveres nada exquisitos

Directora: Amat Escalante. Guión: Amat Escalante y Gabriel Reyes. Intérpretes: Armando Espitia, Andrea Vergara, Linda González, Juan Eduardo Palacios. México-Alemania-Holanda-Francia, 2013. Duración: 105 min. Drama.

En «La parte de los crímenes», cuarto segmento del monumental «2066», Roberto Bolaño se pone la bata de forense para inventariar los asesinatos sin resolver de cientos de mujeres en Santa Teresa (alias Ciudad Juárez). Describiendo fríamente sus heridas y desgarros, poniendo en pie una genealogía del horror a partir de un montón de muertos con nombre y apellidos, peso y altura, ¿está haciendo una ampliación en el campo de batalla de lo que será «Heli»? Una diferencia sustancial: Bolaño trabajaba con cadáveres, Amat Escalante trabaja con cuerpos que respiran. La palabra evoca, atestigua, y la cámara registra. Y lo que filma es lo que ocurre alrededor de uno de esos cadáveres, en este caso masculino, antes y después de serlo.

La larga escena de la tortura de «Heli» –como la de «Kinatay» de Brillante Mendoza– es una grieta que rompe en pedazos la película. El capítulo de «2066» también funcionaba como succionador de vida, pero en Escalante todo resulta más programado, más mecánico, como si cierto cine mexicano –el apadrinado por Carlos Reygadas, por ejemplo– tuviera que reaccionar a la tenebrosa violencia de su país con una mirada artificiosa de tan hiperrealista. Hay rigor en la puesta en escena –con el poderoso arranque en el camión, puro cine de terror–, reforzada por la brillante idea de no distinguir entre las fuerzas del orden paramilitar y los soldados del narcotráfico –la corrupción es democrática, y también la indiferencia hacia el dolor y la muerte–, entre los que defienden y los que secuestran, pero la deliberada sordidez del conjunto, más seca si cabe que la de «Miss Bala», no parece fluir con naturalidad. Cuando nuestro héroe, que denuncia la desaparición de su hermana con la esperanza de encontrar ayuda en la Policía, se topa con el ofrecimiento erótico de una agente en el momento menos oportuno, a Escalante se le ve un poco el plumero. A su miserabilismo le faltan algunas risas enlatadas.