Hermanas Adoratrices

La Razón
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Dice Rubalcaba que la credibilidad de Bildu disminuye cada día que no pide la disolución de ETA, como si alguna vez los bildutarras hubieran tenido alguna. Las carcajadas se han debido oír desde Pancorbo. Cuando se tienen la pasta y el poder asegurados por cuatro años, aunque sea en régimen de alquiler, la credibilidad es un elemento prescindible; y cuando uno se presenta a su investidura con la matrícula carcelaria de Otegui a modo de nardo en la solapa, sus convicciones dejan escaso lugar a dudas. En este momento, el hombre que ha revolucionado el mundo del estilismo capilar implantando el famoso corte que lleva su nombre -el corte Otegui- de innegable éxito entre las masas abertzales, vuelve a echar el rato en el banquillo, esta vez por intentar refundar Batasuna.

Arnaldo es como el Ruiz Mateos del submundo filoterrorista: si le desmontan el imperio, él lo refunda. Arropándole, para que también sepamos hacia dónde apuntan sus credibilidades, han estado Joan Tardá de ERC, el vicecoordinador de Aralar, Jon Abril, y cinco dirigentes de EA y Bildu, que además actuarán como testigos de la defensa. Eso por si no había quedado claro. Con Otegui también se juzga a Díez Usabiaga que en un ratito en el que no tenía que acompañar a su madre al callista, ha declarado que la intención de ambos era llevar a ETA al redil de la política democrática. Vamos, dos Hermanas Adoratrices guiando a la descarriada por el buen camino. Afirma Usabiaga, para convencer a la jueza de sus intachables intenciones, que Arnaldo y él mismo son dos animales políticos. Seguramente es la media frase más sincera que se va a escuchar en este juicio.