El legado del zapaterismo

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Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Al ver a los okupas indignados de más allá de los Pirineos, en Francia aluden a nuestra inclinación irremediable al aduar y al zoco. Los ingleses y los norteamericanos prefieren remontarse a la España romántica que ellos mismos inventaron, como si en la Puerta del Sol soplara el vendaval anarquista propio del alma hispánica. Se ve que no han visto a nuestros okupas jugando a las casitas. Una revista inglesa los ha comparado con los «piqueteros» argentinos, un movimiento de protesta de jóvenes marginados teledirigido por el peronismo. Una parte de la derecha ideológica y periodística española se dejó llevar por la fascinación ante una posible alternativa a la «partitocracia», a la «casta política», a la «falsa democracia». Durante unos días, volvieron las manías regeneracionistas y antipolíticas que estuvieron detrás del experimento de Primo de Rivera y del régimen de Franco. Las chabolas de Sol y de la plaza de Cataluña han acabado pronto con ellas. No parece que estos neorregeneracionistas vean con buenos ojos a sus vástagos metidos en esta clase de actividades extraescolares. El movimiento ha sido marginal, con dos centros probables de reclutamiento. Uno estará situado en ciertas facultades de las Universidades públicas (Políticas, Ciencias de la Información, etc.). Allí se viene ensayando desde hace años la escenografía, los eslóganes y las actitudes que hemos visto en las plazas españolas en las dos últimas semanas. Otra parte procede de sectores marginalizados, okupas, gente que vive con un pie, o algo más, fuera de la sociedad. Es la versión actual del antiguo «lumpen».

El paro masivo entre los jóvenes, la percepción de que las perspectivas de mejora están cerradas y la inminencia de unas elecciones decisivas hicieron cuajar el movimiento, que el ministro del Interior del gobierno socialista no se resistió a proteger y explorar. Así dejó que los participantes se instalaran en lugares importantes cuando era posible solventar el asunto sin mayores problemas. Probablemente se quiso, más que organizar un nuevo 13 M, movilizar contra el PP un voto de izquierdas hasta ahí abstencionista. Era difícil, porque por mucho que los socialistas hayan dominado el agitprop y las redes sociales, no se pueden hurtar a sus responsabilidades desde 2008. El PP evitó el enfrentamiento y dejó claro que aquello iba más con el Gobierno que con ellos mismos. Además, quienes han participado en este movimiento no son militantes y carecen de un discurso y unas actitudes que permitan articular una fuerza de pegada. Saben resistir a la Policía, pero no han sido capaces de tomar la iniciativa en la vida política. En España hay algo de lumpen, pero no una base social para un movimiento como el de los «piqueteros». Aun así, la tolerancia ha sido significativa. Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Además, es probable que el ahora candidato a la Presidencia del Gobierno haya querido ensayar lo que se nos viene encima los próximos meses, con unas elecciones aún más importantes.