Tony Curtis por su cara bonita

Triunfó gracias al género de la comedia, y nadie podrá olvidarlo travestido en «Con faldas y a lo loco». Horas después de morir Arthur Penn, Hollywood volvía ayer a llorar una pérdida. Desaparecía Tony Curtis el guapo, uno de los actores que más mimó. «El niño con carita de helado» lo llamaban.

Tony Curtis y Janet Leigh, con sus hijas Kelly, de 2 años y medio, y la recién nacida Jamie Lee

Nos conquistó vestido con unas coquetas faldas en el filme de Billy Wilde. Y fue ayer su hija, la también actriz Jamie Lee Curtis, quien informó en un comunicado que había muerto a los 85 años: «Mi padre deja un legado de increíbles interpretaciones, pinturas y remembranzas, y a su familia, que le amaba y respetaba. También a sus fans en todo el mundo, le vamos a echar mucho de menos». Es ésta, sin duda, una semana negra para Hollywood, ya que en sólo tres días han fallecido Sally Menke, la montadora de las películas de Quentin Tarantino, el gran director Arthur Penn y Tony Curtis, uno de los intérpretes más queridos de la Meca que intervino en más de cien títulos y fue nominado como mejor actor al Oscar por su trabajo en «Fugitivos», un drama donde encarnaba a un reo encadenado a otro convicto de altura, Sidney Poitier.


Con Ali Babá
Considerado el niño bonito y más travieso de la industria, numerosos de sus trabajos, sin embargo, fueron meramente alimenticios: «Mis cintas no tenían mucha intriga, pero me ayudaban a pagar el mantenimiento de mis hijos», bromeó una vez en el periódico «Seattle Times». Para sus admiradores el papel más importante en la carrera de Curtis fue el que hizo para la notable «Con faldas y a lo loco», que rodó en 1959 junto a Jack Lemmon y Marilyn Monroe. Pero también se dedicó en cuerpo y alma a la televisión, medio para el que realizó al menos sesenta incursiones en distinos filmes y series. Curtis empezó a trabajar en 1949 en los estudios Universal, su atractivo físico y su simpatía le convirtieron en líder de Hollywood en 1952 con la película «El hijo de Ali Babá». Después llegarían títulos como «El gran Houdini», «Trapecio», «Los vikingos»... Considerado por muchos como un gran intérprete de comedia, fue precisamente esa enorme fama la que se interpuso en su éxito como actor dramático. Sus últimos años llevó la vida de una celebridad, reducido sin embargo por las cintas mediocres en las que también participó y que le dieron una reputación de artista ligero y sin sustancia.

 

Lo primero, un descapotable
Fue en Nueva York, su ciudad, al volver de la II Guerra Mundial, cuando decidió dedicarse al cine: «Y me pareció tan fácil empezar que llegué a asustarme», confesó. De acuerdo a su jovial personalidad, una de las primeras cosas que hizo al llegar a Hollywood fue aprender a conducir y comprarse un coche, «algo con lo que siempre he disfrutado, conducir por Los Ángeles en mi descapotable. En las fiestas de los estudios siempre había una nueva chica guapa para mí, yo era el rey de la colina y no dejaba una falda sin mover», fanfarroneaba Curtis. Su camino profesional tomó el mismo rumbo que su vida privada, y en 1949 protagonizó «El abrazo de la muerte», donde daba vida a un gigoló, papel que le permitió después protagonizar «City Across the River». Pero fueron 1958 y 1959 sin duda sus mejores años gracias a dos grandes interpretaciones: la de «Fugitivos» y «Con faldas...». Mientras Lemmon andaba preocupado por tener que maquillarse como una mujer, Curtis, sin embargo, le buscó todo el glamour a su personaje femenino: «Parecía Grace Kelly en lugar de mi madre», diría siempre. Su breve pero intenso, e incluso cuestionado por muchos, romance con Marilyn mientras hacían este filme lo explicó Curtis muchos años después en su biografía.


El actor que fuera conocido en Hollywood como «el niño con cara de helado» se atrevió a celebrar su 80 cumpleaños a lo grande, y para ello apareció desnudo en la revista «Vanity Fair» tapándose sus partes pudendas con sus perros Yorkshire terrier llamados como Lemmon y Curtis en la cinta de Wilder, Daphne y Josephine. Una de sus últimas interpretaciones fue en el capítulo de «CSI» que grabó Tarantino, gran admirador del actor. «En mi profesión vendes tu libertad, pero si trabajas bien no te destruye», confesaba Curtis al «Vanity». Viviendo lejos de Hollywood, a las afueras de Las Vegas, se convirtió en pintor. Estuvo sesenta años de su vida entregado al mundo del espectáculo desde que debutara en un teatro neoyorquino y hace cinco años, en París, recibió el Premio Julio Verne por su trayectoria profesional: «Sólo cuando salgo de EE UU me doy cuenta de lo famoso que soy», aseguraba el actor que trabajo a las órdenes de directores como Billy Wilder, Elia Kazan y Stanley Kubrick, entre otros muchos. Casado en seis ocasiones, su primera mujer fue Janet Leigh con quien tuvo a Jamie Lee Curtis. Durante los últimos tiempos vivía con su última esposa, Jill. Lejos de renegar de la fama como otros colegas, disfrutó cada instante de su celebridad.


El fin de sus memorias
En su autobiografía dice que llevó bien la adulación: «Siempre he sido famoso, incluso antes de empezar en el cine; en el colegio, en mi vecindario, allí donde iba todos me conocían, siempre he provocado cierto furor. A todo el mundo le gustaba mi atractivo físico, incluido yo». Norman Jewison, que le dirigió en «Soltero en apuros» (1962), comenta que el amor que la cámara sentía por él añadía calidad a su trabajo.En 1984, ingresó en un centro de rehabilitación para solucionar sus problemas con las drogas. «Desde niño quería ser Tony Curtis y ese es exactamente el que soy». Así acaban sus memorias. Y así acabó ayer su vida.



Filmografía esencial
CON FALDAS, Y FALDITAS, A LO LOCO
- «Prohibido el paso al novio» (1952), Douglas Sirck
- «El gran Houdini» (1953), George Marshall
- «Contrabandistas de Macao» (1953), Rudolph Maté
- «Johnny Dark» (1954), George Sherman
- «Coraza negra» (1954), R. Maté
- «Trapecio» (1956), Carol Reed
- «Fugitivos» (1958), Stanley Kramer
- «Los vikingos» (1958), Richard Flesicher
- «Con faldas y a lo loco» (1959), Billy Wilder
- «Operación Pacífico» (1959), Blake Edwards
- «Espartaco» (1960), Stanley Kubrick
- «Perdidos en la gran ciudad» (1960), Robert Mulligan
- «La carrera del siglo» (1965), B. Edwards
- «El estrangulador de Boston» (1968), R. Flescher
- «El último magnate» (1976), Elia Kazan