Los ojos verdes de sor Verónica

Cuando se busca al responsable del fenómeno vocacional de Lerma, la mirada se fija en los ojos verdes de sor Verónica, la abadesa de la comunidad desde hace algo más de un año y maestra de novicias desde hace más de 15.

Sor Verónica en la toma de posesión de su hermano, Raúl Berzosa, obispo auxiliar de la diócesis de Oviedo
Sor Verónica en la toma de posesión de su hermano, Raúl Berzosa, obispo auxiliar de la diócesis de Oviedo

Aunque en algún momento soñó con ser misionera, a los 19 años María José Berzosa dejó a un lado su vida en Aranda de Duero, a algún que otro pretendiente, renunció a la carrera de Medicina y el 22 de enero de 1984 decidía entrar en el convento de las clarisas del Lerma. En dos décadas no habían recibido ninguna novicia en el convento de la Ascensión. Pero sólo había que confiar en la Providencia y en la entrega de la que tomaría por nombre Verónica para que este ayuno vocacional se terminara. «Verónica significa verdadero icono, verdarero rostro de Cristo (...). Ahora no puedo más que vivir para hacer presente el don», explica la abadesa en «Ven y verás», el libro que editaron las hermanas en 2006 y en el que relatan el porqué de su vocación: «No sé un momento puntual en el que Él me llamara; me puse a seguirle. Me coloqué en la fila de los cristianos y de los consagrados, y aquí estoy». Quienes conocen a esta burgalesa, la menor de cinco hermanos de una familia trabajadora, señalan que tiene una personalidad arrolladora y de una gran inteligencia, genes que comparte con su hermano, Raúl Berzosa, obispo auxiliar de Oviedo y en su momento el más joven de España. Aunque durante estos días, tras el anuncio de la nueva congregación, ya se le ha adjudicado el título de «fundadora», ella huye de todo protagonismo, si bien lleva la batuta en la organización del convento. Despierta y con capacidad de liderazgo, en el tú a tú su mirada es certera e interpela a quien se pone enfrente. «Alguna vez he pensado que si no hubiese dado su "sí"a Dios, estaría al frente de una gran empresa multinacional. También es cierto que ahora está al frente de una enorme misión», comenta Marta, una habitual en las visitas a Lerma, sobre esta mujer de 45 años, mejillas sonrosadas y sonrisa acogedora que ha revolucionado, la pastoral vocacional de nuestro país.