Lo que mal empieza

La RazónLa Razón

No sé cómo acabará el asunto de la final de la Copa Davis de tenis, pero lo que cierto es que lo que mal empieza, mal acaba. La designación de Sevilla fue una cacicada del presidente de la Federación Española de Tenis, sevillano él, que optó por rechazar la candidatura de Valencia, la única forma de que repitiera la capital hispalense y a pesar de que la capital del Turia era la más razonable: a nivel del mar, como desean los jugadores españoles. Por el contrario, la ciudad del Guadalquivir, además de ir contra la filosofía de no repetir –la última se jugó allí contra Estados Unidos- la instalación de La Cartuja no tiene cubierta.
Ahora, la Federación, en su correría despótica, se encuentra con que la Junta de Andalucía (PSOE) se niega a financiar el proyecto.
No me alegro de que Rafa Nadal y compañía afronten complicaciones para conquistar de nuevo la ensaladera, pero personas como el susodicho presidente se merecen este revés a su caprichosa decisión, sólo ejecutada en función de su partida sevillana de nacimiento. Así es la vida.