Beso al líder

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Como era de esperar, gran éxito de crítica y público en la Convención Nacional celebrada este fin de semana en Málaga por el Partido Popular, enésimo y definitivo pistoletazo para el centro derecha en su interminable regreso a la Moncloa. A diferencia de la organizada hace una semana por el PSOE, en ésta de los populares el ambiente de victoria, casi de euforia, sí se ha respirado de verdad aunque los mensajes hayan sido tibios en lo liberal y previsibles en lo social. Con el triunfo al alcance de la mano, la estrategia recomienda no arriesgar en exceso. Por lo demás, el evento ha servido para resituar en la escena a un Mariano Rajoy desdibujado en las semanas previas. Porque entre los indignados neoyorquinos y los nacionales, las huelgas de docentes en Madrid y Galicia, el debate sobre el Impuesto del Patrimonio, la intervención de Felipe González en apoyo a Rubalcaba y el ruido de las motosierras de Cospedal y Aguirre, tumulto agigantado por la oposición, lo cierto es que el final del verano había marcado un cierto eclipse de la figura del candidato popular. Y aquí es donde el think tank del PP se divide entre quienes piensan que con una campaña de perfil bajo la victoria vendrá por añadidura, y quienes opinan que si no se le gana dialécticamente la delantera al tramposo discurso de los recortes sociales lo que verdaderamente se verá recortada será la distancia electoral el próximo veinte de noviembre. No ha sido nunca fácil encontrar el equilibrio en el discurso de los aspirantes y menos cuando tocan con las yemas de los dedos el cuero del sillón presidencial. Salidas de tono como las habituales en Esperanza Aguirre son las menos recomendables, pero Rajoy tampoco debería olvidar que la ciudadanía, doblemente huérfana bajo la intemperie insoportable de la crisis, tal vez demande más que nunca liderazgos nítidos y resolutivos. En este sentido Aznar ha dado generosa e inteligentemente el título de esta Convención: «Es el tiempo de Mariano Rajoy», mensaje en clave tanto interna como externa. Aunque de todo lo visto y oído yo me quedo con el fugaz beso de tornillo de Viri a su marido ante las cámaras, primer beso público, sin complejos, de una futurible primera dama.