Ambición divino tesoro

San Sebastián de los Reyes. Cuarta de la Feria del Cristo de los Remedios. Se lidiaron toros de José Luis Marca, mal presentados, anovillados, sin casta ni raza, salvo el 5º, con más motor en el último tercio. Un cuarto de entrada. Miguel Abellán, de blanco y plata, estocada (vuelta); pinchazo hondo, descabello (silencio). Gabriel Picazo, de rosa y oro, metisaca, estocada casi entera (saludos); estocada, dos descabellos, aviso (oreja). David Mora, de rosa palo y oro, estocada que hace guardia, aviso, tres descabellos (silencio); dos pinchazos, aviso, pinchazo, estocada (ovación).

David Mora corre la mano en un derechazo al carbonero que hizo tercero, ayer, en San Sebastián de los Reyes
David Mora corre la mano en un derechazo al carbonero que hizo tercero, ayer, en San Sebastián de los Reyes

Da gusto verlo, es su temporada y está de dulce. David Mora protagonizó ayer los mejores pasajes de un irregular colofón en Sanse, donde el descastado juego de las reses de José Luis Marca condicionó un festejo en el que Gabriel Picazo cortó la única oreja.

Miguel Abellán se gustó en el saludo capotero al primero. Un astado atacado de kilos, que le pasó factura en el último tercio. Asentado sobre el derecho, el trasteo no terminó de tomar vuelo por los pocos bríos de su adversario. Sobresalió una buena serie por este pitón tirando del animal. Vuelta al ruedo, tras buena estocada. Ante el cuarto, jabonero sin raza, el madrileño trazó naturales de limpio trazo, pero de uno en uno. Hasta tres desarmes no ayudaron a contagiar a un público frío. Faltó pimienta al de Usera.

El local Gabriel Picazo comenzó su labor al segundo con ayudados por alto de buen porte. Con gusto, el trincherazo por bajo. Lo mejor de una faena en la que la escasa movilidad de la res obligó a acortar las distancias ahogando a su anovillado toro. Saludó desde el tercio tras matar al segundo intento. Con el quinto, gacho y chico, pero que tuvo más motor, Picazo ahogó de nuevo al burel pronto. Cuando no lo hizo, dándole distancia, cuajó series profundas y de mano muy baja. Fue suficiente para una oreja de paisanaje.

El de Borox hizo un descomunal alarde de claridad de ideas y frescura en el flojo tercero al que, tras el cambiado por la espalda, templó buenas series, ligadas y echando los vuelos de la muleta, por ambos lados hasta que el animal se apagó. Demasiado pronto. Entonces, Mora puso el resto. La colocación, perfecta: cruzado al pitón contrario. Qué claridad de ideas para meterse entre los pitones y arañar los pases. Esfuerzo sin premio por el mal uso de la tizona.

Picado en su orgullo –maravilloso, el poder de la ambición– se fue a portagayola en el sexto. Meció el capote a la verónica, pierna adelantada, algunas mirando al tendido, torerísimas. Más aún el quite –ya había hecho uno por gaoneras al segundo– por chicuelinas. Con sabor, girando los riñones en la media. Preciosa. A la franela, llegó el de Marca rajado, pero le sirvió para dibujar dos buenas tandas al natural. Barriendo la muleta el albero. Muy despacio. Terminó exprimiendo al astado a milímetros de las tablas. Pases y pases sin enmendarse. De nuevo, perdió el trofeo con la espada.

Pero las sensaciones, las ganas de ser figura, no salieron borradas, sino acrecentadas. Ambición, divino tesoro.