Crítica de cine / «Entre nosotros»: De repente un extraño

«Entre nosotros»: De repente, un extraño
«Entre nosotros»: De repente, un extraño

Dirección y guión: Maren Ade. Intérpretes: Birgit Minichmayr, Lars Eidinger, Hans-Jochen Wagner, Nicole Marischka. Alemania, 2009. Duración: minutos. Drama.

Poco sabemos de esta pareja que pasa las vacaciones en una casa de la isla de Cerdeña. Entregados a sus juegos de simulación, parece que están tanteándose, dando palos de ciego, averiguando si vale la pena lidiar con los miedos del otro. La mirada de Maren Ade es casi de entomóloga: bajo el microscopio de la cámara, ambos aprenden a estar juntos casi como dos animales que marcan territorio. El problema es, por supuesto, estar con los demás: un encuentro fortuito con un conocido provocará una cena donde la fragilidad de la relación sale a la luz. Él es un arquitecto que aún no ha despuntado, tan inseguro en sus anhelos como segura es ella, relaciones públicas de una discográfica que no quiere resignarse a convertirse en mujer florero. Es lo que ocurre cuando se produce el contacto con el mundo, cuando la isla se transforma en península: el factor humano cambia la proyección de la sombra sobre las cosas. Es entonces cuando la crueldad muerde, cuando los defectos que se habían pasado por alto toman forma y son objeto de un castigo mudo; es entonces, en fin, cuando el otro parece un extraño. Ade utiliza un perspicaz registro naturalista –apoyado por el magnífico trabajo de los dos actores protagonistas– para certificar la evolución de esta pareja que sólo tiene visos de sobrevivir si finge ser distinta a lo que es, si decide permanecer en el secreto o la traición, si baila al son de una canción de Julio Iglesias poniéndose en ridículo. Ade controla hasta el último detalle de su puesta en escena de modo harto inteligente: que los personajes vayan en bikini o bañador la mayor parte del metraje acentúa la vulnerabilidad de sus identidades, construidas en base a la desnudez de sus trucos para enmascararse ante el otro, y no para enseñar su verdadera cara. La pareja es un teatro; a veces en clave de vodevil, a veces en clave trágica.