África

Francia abre una puerta a la negociación con Al Qaida para salvar a los secuestrados

Los terroristas de Al Qaida en el Magreb islámico (AQMI) todavía no han digerido la ofensiva francesa que este verano se cobró la vida de siete de sus correligionarios, pese a no conseguir su objetivo: liberar al cooperante galo Michel Germaneau.

Hervé Morin, ministro de Defensa francés, descarta una intervención
Hervé Morin, ministro de Defensa francés, descarta una intervención

Su líder, Abu Mousab Abdel Wadou, prometió venganza y con la reciente captura de cinco de sus ciudadanos, trabajadores del grupo nuclear Areva en Níger, Francia está pagando las consecuencias.

De ahí que la organización extremista justificara ayer este nuevo secuestro «dentro de un contexto de represalias» antes de advertir a las autoridades galas, a través de un comunicado en una web, de que renuncien a toda operación armada para liberar a sus compatriotas «como la efectuada con Michel Germaneau», según indicó SITE, entidad especializada en la supervisión de páginas islamistas.

En el mensaje difundido el martes por la cadena Al Yazira, AQMI ya prevenía de que el precio de «una nueva actuación estúpida» sería muy caro. Al cooperante humanitario galo de 78 años le costó la vida. Por eso, el Gobierno francés, que quiere evitar otro trágico desenlace, podría aceptar entrar en negociaciones rompiendo así la posición oficial de no ceder frente a los secuestradores mantenida por Nicolas Sarkozy, que en su momento criticó indirectamente el pago de un rescate por la liberación de los dos cooperantes españoles y que ayer presidió nuevamente un Consejo de Defensa restringido para analizar la situación.

«Por ahora nuestra prioridad es entrar en contacto con Al Qaida y conocer sus reivindicaciones», aseguró ayer el ministro de Defensa, Hervé Morin, que se mostró convencido de que los cinco secuestrados, a los que situó en una zona montañosa del noreste de Mali, «están con vida», aunque de momento no dispongan de ninguna prueba.

Sin embargo, los terroristas no ignoran que los empleados de Areva, uno de los gigantes industriales de Francia, representan una preciada moneda de cambio que se revaloriza con el paso de los días, y que podría generarles pingües beneficios.