Toritos para hacer camino

- Madrid. Último festejo de la temporada. Se lidiaron novillos de Rocío de la Cámara y Cortijo de la Sierra (4º y 5º), bien presentados y muy astifinos, de bonitas hechuras. El 1º, con clase hasta lastimarse; 2º, mansurrón, y 4º, con opciones de triunfo; 3º y 5º, deslucidos; el 6º, para apostar, con genio. Un tercio de entrada.- Pascual Javier, de grana y oro, buena estocada (silencio); pinchazo, media bajísima, bajonazo (silencio). - Daniel Palencia, de burdeos y oro, media atravesada, dos descabellos (silencio); bajonazo (silencio).- Sergio Blanco, de malva y azabache, pinchazo, estocada caída, descabello (silencio); estocada muy baja y tendida, bajonazo, descabello, aviso, tres descabellos más (silencio).

Sergio Blanco brilló con el capote en el sexto para firmar los mejores pasajes de la tarde
Sergio Blanco brilló con el capote en el sexto para firmar los mejores pasajes de la tarde

Sin mácula de nubes se presentó la tarde. Cielo intenso. Azul vivaracho. Animoso a salir de casa. Pero aunque suene a quimera por este escenario más veraniego que de pleno octubre, Las Ventas cerró ayer su temporada. Y de paso, una etapa. Taurodelta dijo adiós –salvo futura reelección– a sus años como gestora de Madrid. Lo hizo con una novillada de Rocío de la Cámara muy astifina. Impecable de presentación. Toritos, hechos y derechos, prácticamente toros. Hasta tres de ellos, uno por coleta, posibilitaron si no el triunfo, cuanto menos, sí relanzar las carreras de sus jóvenes lidiadores, silenciados en sus actuaciones.

Pascual Javier rompió plaza con un precioso ensabanado que demostró clase y buen son hasta que se lastimó las manos en los compases iniciales del trasteo. Humilló cuanto pudo pese a todo el bravo burel ante la persistencia del valenciano, que lo mató dignamente de una buena estocada. No estuvo tan certero con la tizona en el cuarto, al que tampoco entendió franela en mano. Lo llevó siempre a media altura, cuando el novillo, con transmisión y recorrido, pedía muleta puesta y por abajo.

Daniel Palencia inició con mando y provocando la embestida al segundo, que tomó los dos puyazos en la querencia y, tras saberse podido, se rajó en pos de sus terrenos. Pese a la movilidad de la res, el alicantino tampoco buscó la faena del manso y abrevió. Con el quinto, que nunca se empleó, poco pudo hacer.

Sergio Blanco regresó tras salir herido en su anterior paso por el cónclave. Planteó una labor con oficio al mirón tercero, al que ahogó. En el sexto, trazó cinco buenas verónicas y la media, en el saludo de capa. Lo mejor de la tarde. Con empaque y la suerte cargada. En la muleta, no se confió con el genio de su rival, para apostar. El buen inicio por doblones quedó en nada. Y así, Madrid bajó el telón. Se alzará de nuevo en marzo con dueños a estreno. Volveremos para contarlo. Como el valor y la vergüenza torera de un jerezano siempre al filo del amor y el odio con el «7». También regresará: seguro. Fuerza Padilla.