Teatro

Las estrellas aún llenan los teatros por Jesús MARIÑAS

No sorprende ya que los teatros de ópera no anuncien en cartelera qué divos protagonizan el espectáculo.

Nuria Espert arrasó con «Violación de Lucrecia» de Shakespeare
Nuria Espert arrasó con «Violación de Lucrecia» de Shakespeare

Resulta curioso porque siempre se acudía «para oír» grandes voces como las de Callas, Tebaldi, Caballé o Plácido. Publicitan los montajes aunque no sean espectaculares y uno se queda dudando cuando repasa la programación. Las estrellas parecen pertenecer a otro tiempo mucho mejor. A los anales también pertenecen los repartos de comedia donde la figura iba por delante del título. Luego vino la moda del casi anonimato o de anunciarlos por orden alfabético. Tiempos aquellos en que la compañía María Guerrero que dirigía José Luis Alonso, o la Lope de Vega de Tamayo, llevaban a los mejores nombres de la escena: María Dolores Pradera, Ferrandis, Bódalo, Asunción Sancho, Guillermo Marín, Lemos o la Valdés. Tenían tirón, se les veía a ellos y, consecuentemente, a la obra.

Las actuales compañías nacionales ejercitan esa especie de semi-anonimato y tan sólo Flotats aparece anunciado a bombo y platillo. Yerran con esa política ocultadora de calidades en favor de algo igualitario o uniformador. Dos ejemplos recientes de triunfo escénico lo demuestran: Nuria Espert y su «Violación de Lucrecia» y Al Pacino haciendo en Brodway «El mercader de Venecia». Siguiendo la vieja costumbre, encabezan la cartelera como máximo atractivo. Y abarrotan porque todavía subsiste en el público un respeto hacia la figura o el relumbrón. La catalana «madrileñizada» llenó en su dilatada temporada del Español, además de tener las mejores críticas de su carrera. Y lo mismo ocurre con la actuación de Al Pacino: mientras los musicales espectaculares de copioso reparto se ven por 126 doláres la butaca, hay que pagar 141 para ver a un actor que reinventa al judío de Shakespere. Recrea al clásico y el montaje cuelga cada día el «no hay billetes». No tiene parecida suerte Patti Lupone con «Mujeres al borde de un ataque de nervios» ya en retirada o «Little Night Music», donde hace meses vi a la mítica Angela Lansbury y ahora reemplazada con menos éxito por Bernadette Walters, siendo el personaje de Catherine Zeta-Jones para una actriz casi anónima.

Aunque por aquí creamos lo contrario, uno va al teatro por el protagonista y, si luego se tercia, a encandilarse con el montaje. Da lo mismo que Lola Herrera haga alta comedia o esas «Cinco horas con Mario» que Samano repone creyendo más en el texto que en aquella interpretación de la vallisoletana. Y si no, al tiempo.