Por qué Julio Iglesias prefiere a las extranjeras por Jesús Mariñas

Ya es casualidad para la recién casada Miranda que el traje ibicenco que llevó el día de su boda fuera igual que el que lució Naty Abascal en la última fiesta Flower Power. Sólo extraña que el modisto no haya previsto a la novia de que Naty se había anticipado, no olvidemos que también guardan otra cosa en común: son vecinas en Punta Cana.

Retomo la cuestión de las elecciones amorosas de Julio Iglesias, ya que soy de los pocos que conocen su intimidad. Hasta Miranda, y después de Isabel Preysler, siempre ha estado obsesionado con las mujeres de pechos grandes. Y a lo largo de muchos años de amistad distanciada me chocó su obsesión de no emparejarse con ninguna española. Y es que desde aquella «Gwendolyne» hecha música –que existió y era inglesa–, Julio mantuvo un patrón femenino donde no cabía lo español. Se ve que le repelía, aunque supo aprovecharse en su tiempo, cuando cantósu inexistente romance con Noelia Afonso, entonces Miss Europa.

Tal vez se encandilaba con los encantos nacionales que tanto auparon su fama de melancólico tras su fracaso matrimonial con una Isabel Preysler, bien aleccionada por Carmen Martínez-Bordiú que era vecina, confidente y paño de lágrimas, que le dió portazo. Una humillación que Julio nunca superó. La relación con sus tres hijos siempre ha estado montada de cara a la galería. Los de Miranda, esas cinco preciosidades rubias, han tenido más fortuna y proximidad.

Retomamos el tema: Preysler nació en Filipinas, Virginia, «La flaca» con la que estuvo cinco años era una venezolana exuberante. Ella plantó las palmeras de Indian Creek y le regaló su primer dálmata. Luego apareció Natalie, con canción incluida aprovechando el encantamiento que propicia su «poitrine» descomunal. Poco después surgió el paréntesis de Sidney Rome en París, que empezó después de un programa de televisión que terminó en la cama con cambio de hotel.

Más tarde irrumpió Vaitiare, una niña pánfila con los dientes torcidos. Cuando fuimos a Suráfrica, Julio la escondió una semana y a su regreso mandó que le pusieran correctores. Una vez afincada en Marbella, con qué gracia me comentó aquel aprisionamiento forzado que admitió por su ingenuidad. Miranda, como a tantas otras, se la presentó Dino Temami, un enredador que ahora está en Suecia trabajando de taxista, o eso cuentan. En su palmarés, ni un trofeo nacional. Julio evitó la pasión rojigualda vayan a saber por qué.