Historia

OPINIÓN: Marta presunta

 
 

Elogio de la inocencia
Es difícil defender a Marta Domínguez con la que está cayendo, se dirán Vds, y no les falta razón. A mí quizás me sea más sencillo que a muchos por una cuestión muy simple: como dije aquella vez en la que acerté un bingo entero, no me lo puedo creer. Así de simple, quizás así de ridículo, pero así es. No me puedo creer lo que se dice de Marta Domínguez, de la súper-heroína de la cinta rosa de su abuela, la del cambio de ritmo en la contrarrecta, la de la mandíbula apretada, ladeada y los dientes fuera durante el esprint final. La que hacía gritar a los comentaristas, levantaba de sus asientos a los espectadores y nos hacía a todos sentirnos tan orgullosos. Y como no me lo puedo creer, retraso el momento del veredicto hasta que todo esté claro, al menos hasta que se confirme lo que la Prensa y la Guardia Civil han adelantado y ella ha negado. Seré una inocente o una idealista, pero aún me cuesta creer que alguien con todo ganado, no sólo títulos sino también prestigio, admiración y asombro, haya sido capaz de mentirnos a todos y meterse en semejante berenjenal. Tampoco seré yo, ojo, quien la aplauda ni la haga homenajes de desagravio, pero al menos esperaré a ver qué dice la justicia tras investigar el tema definitivamente.
Lo mismo, por cierto, que esperamos todos en el caso Contador, con el que parece que todo el mundo ha sido un poco más comprensivo dado que detrás del escándalo parece estar la pérfida mano de un francés emparentado con algún malvado de las novelas de Dumas. Eso sí, no sientan lástima por mí por ser tan crédula e inocente: si finalmente se confirma lo que la investigación ha adelantado, estaré doblemente triste.
María José Navarro


Todos inocentes
Los dos mejores atletas españoles del siglo, Paquillo Fernández y Marta Domínguez, mantenían relaciones inconfesables con médicos siniestros. Ninguno dio jamás positivo, pero a uno le encontraron en la nevera jeringuillas suficientes como para chutar durante un ciclo olímpico al equipo de halterofilia de Alemania Oriental y a la otra la han cazado ofreciendo pastillitas mágicas a sus compañeros. Si el presidente Odriozola no sabía que su técnico de cabecera, el tal Pascua, hacía lo que la Guardia Civil y un juzgado están seguros de que hacía, se trata del dirigente más inepto del globo. Y si estaba al tanto, como puede intuirse de la evidencia de que jamás se caracterizó ni por su ingenuidad ni por sus valores morales, que rompa en persona decente y dé un paso al costado.
Por supuesto, Marta jamás ha tomado ninguna sustancia prohibida. Su caso se ha repetido varias veces en la historia del «doping» español, que se resume en los cínicos golpes de pecho de unos dirigentes que siempre arropan al presunto tramposo. Desde los tres ministros que se plantaron en París para que a Pedro Delgado lo salvase un tecnicismo en el Tour del 88 hasta los blanqueos de Onya y Valverde, que hubieron de ser sancionados por instancias internacionales. Al nadador Rafa Muñoz le pagó el Estado un ejército de psicólogos para demostrar que una depresión lo empujó a saltarse la legislación antidopaje; y a favor de Contador se ha puesto hasta el Ministerio de Agricultura, que mira al techo mientras se acusa al sector ganadero de envenenar a los consumidores. La palentina será sancionada durante su gestación y competirá en Londres. Como Paquillo.
Lucas Haurie