Obama corta la lengua a McChrystal

El presidente niega que la decisión se deba a una cuestión personal. El militar llevaba ayer su dimisión en el bolsillo. 

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NUEVA YORK- La última vez que el general Stanley McChrystal se reunió con el presidente norteamericano, Barack Obama, para departir sobre la estrategia de Afganistán en la Casa Blanca iba con su uniforme de trabajo, el de la unidad de combate del Ejército. Es cómodo como un pijama, lleno de bolsillos y simple. Pero ayer escogió el de «Clase A» con sus reconocimientos y medallas, propios de un general de cuatro estrellas. Es el traje de reuniones formales y pareció ser el mejor para su cita con el presidente en la que presentó su dimisión. El comandante de la Fuerza de Asistencia a la Seguridad Internacional (ISAF, por la misión de la OTAN) y las tropas estadounidenses en Afganistán fue convocado ayer después del escándalo por el reportaje de «Rolling Stone», donde el mando de la guerra afgana y su equipo critican a los asesores de seguridad de Washington. Tras cuatro horas de reuniones, especulaciones y deliberaciones, Obama compareció desde el jardín de la rosaleda para comunicar que había aceptado la renuncia del general Stanely McChrystal y anunció que el general del comando central de Oriente Medio y Asia, David Petraeus, arquitecto de la ofensiva de Irak de 2007 y superior inmediato de McChrystal, será su sustituto. Durante su intervención, el presidente americano destacó que era «la decisión correcta para nuestra seguridad nacional», flanqueado por Petraeus, el vicepresidente Joe Biden, el secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor, Mike Mullen. También quiso dejar claro que su decisión no se basó «en ningún insulto personal», en clara referencia a un ayudante del hasta ayer mando de las tropas americanas en Afganistán que comenta en el artículo que Obama «no se siente cómodo con el jefe [por el general]». McChrystal llegó puntual a su encuentro con su comandante en jefe, que se prolongó durante veinte minutos. Antes se vio con los altos mandos en el Pentágono, desde donde se filtró que tenía preparada su carta de dimisión. Después de la reunión entre Obama y el general, la Casa Blanca evitó realizar cualquier tipo de declaraciones. Quedaba pendiente la reunión del equipo de guerra sobre «Af-Pak» (Afganistán y Pakistán) en la «sala de situación», a la que en un principio estaba convocado el general. Fuentes militares consultadas por LA RAZÓN reprochaban el exceso de atención de los medios a la dimisión, pues consideran que «no debería ser un asunto destacado». «En el código militar –continúan las fuentes castrenses– se establece que ningún oficial puede criticar al presidente, pero no se puede olvidar que McChrystal es el hombre que duerme en una tienda de campaña en el frente en Afganistán, mientras los políticos en Washington que van de vez en cuando a este país toman las decisiones. Tiene derecho a estar enfadado por todo lo que ha ocurrido». En todo caso, con la crisis se han reforzado las especulaciones sobre las diferencias entre el estamento militar y la Administración Obama, además de la desunión del equipo del presidente.