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El misterio rodea la salud de Larrañaga

Tenía previsto reaparecer en el teatro el 5 de agosto, pero se retrasa hasta enero

Larrañaga está viviendo con uno de sus hijos cerca de la clínica, en Estepona
Larrañaga está viviendo con uno de sus hijos cerca de la clínica, en Estepona

La reaparición teatral de Carlos Larrañaga estaba prevista para el 5 de agosto de este año en San Sebastián. El veterano actor confiaba en recuperarse plenamente para regresar a las tablas junto a su ex mujer, María Luisa Merlo, con la obra «Quizás, quizás…», producida por su hijo, Pedro Larrañaga, pero Carlos no ha podido ver cumplido ese deseo, porque su recuperación está siendo mucho más lenta de lo previsto.

Como recordarán los lectores de LA RAZÓN, el intérprete tuvo que ser intervenido de un tumor en las vías urinarias el pasado mes de enero en el Hospital Internacional Xenit malagueño. Y permaneció hasta el 20 de marzo en la Unidad de Cuidados Intensivos de ese centro sanitario. El 30 del mismo mes fue trasladado a la Clínica Premium de Estepona. Desde entonces, poco o nada se sabe del actor. Tan sólo que, tras ser dado de alta, vive en la casa de uno de sus hijos, cercana a la citada clínica, que realiza a diario ejercicios de rehabilitación en la Premium y que sus hijos velan por su cuidado. Eso sí, la que más tiempo ha pasado con él en estos meses es Amparo, que siempre fue su «ojito derecho». Luis Merlo y Pedro Larrañaga siguen sujetos a sus compromisos profesionales y no pueden permanecer en Estepona todo el tiempo que quisieran junto a su progenitor. E igual le ocurre al hijo mayor, Caco, relacionado con la parte técnica del mundo teatral.

Pero casi nadie del entorno de Carlos, a excepción de los más íntimos, puede localizarle, ni física ni telefónicamente, lo que nos hace pensar que su «guardia pretoriana», o sea, sus hijos, le deben haber recomendado que se tome la palabra «descanso» al pie de la letra. Ese «oscurantismo», esa desaparición tan extrema, no gusta a los amigos más cercanos, que no tienen noticias directas del enfermo, y deben conformarse con las declaraciones con cuentagotas de sus hijos.

Extraña, igualmente, que su hija pequeña, Paula, o la madre de ésta, la actriz Ana Escribano, no hayan podido ver todavía a Larrañaga, y ya han pasado siete meses desde la operación. Es más, la niña de cinco años no sabe todavía que su padre está enfermo. Y piensa que se encuentra de viaje profesional. En cuanto a la misma Ana, confiesa a nuestro periódico que «no he podido ver a Carlos desde que pasó por el quirófano. Es una decisión de sus hijos mantenerle "aislado". Ellos sabrán las razones…» La cuestión es que un halo de misterio rodea al estado de Carlos Larrañaga. Y está claro que si no ha podido enfrentarse a ese nuevo reto teatral del que hablamos, es porque su rehabilitación debe haber sufrido algún retroceso, ya que, hasta hace tres meses, todos estaban convencidos, incluso sus médicos, de que estaría listo para reaparecer a principios de agosto. Esa fecha se ha retrasado, de momento, hasta enero. Esperemos que la situación mejore en los próximos meses, para que ese estreno se convierta en realidad. No queremos decir con esto que su estado de salud haya empeorado, no, sino que no es lógico que no se tengan noticias recientes del actor.


Mejor como amigos que de pareja
La que fuera primera esposa de Carlos, María Luisa Merlo, se siente muy ilusionada ante la idea de trabajar junto al padre de sus hijos, con el que siempre ha mantenido una relación de cariño, a pesar de la ruptura matrimonial, pero en estos momentos está de gira por España con otra obra de teatro, prueba evidente de que le han comunicado que se retrasa sine díe su tan anhelado proyecto profesional con Carlos. Cosas de la vida, María Luisa Merlo tampoco podrá continuar con la gira de la obra «Cien metros cuadrados» junto a Miriam Díaz Aroca y Jorge Roelas, debido a un accidente doméstico que le ha provocado una lesión en la pierna. Cuando ella y Larrañaga se recuperen volverán a subirse a un escenario. «Llevamos juntos 50 años, le quiero muchísimo aunque lo nuestro terminara como una guerra civil».