Literatura

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Un discurso para la Reina

«Era un día que no veía venir», reveló Soledad Puértolas. Pero llegó. Desde hacía años era una de las novelistas más reclamadas para que ganara el Premio Cervantes. Se hizo esperar, pero se cumplió.

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Y, ayer, Ana María Matute recibió este reconocimiento, pero también el afecto de las personas que durante todo este tiempo la han acompañado y que jamás han dejado de admirar el temple, la vocación, la voluntad y la fuerza que esta novelista ha derrochado a lo largo de una vida, que, a pesar de toda esa fantasía, tampoco ha sido sencilla, como ella misma reconoció ayer. «Le ha costado mucho el discurso –afirmó su hijo–. Pero, ahora, después de la emoción y la intesidad del momento, se encuentra muy satisfecha».

Alrededor de la escritora se citaron niños y admiradores que la pedían permiso para sacarse una fotografía junto a ella. «Llevábamos esperando esto bastantes años; era la que quedaba de los grandes escritores vivos y por eso hoy tenemos una sensación de alivio, de alegría», señaló Soledad Puértolas. Y ella misma, que lamentó «no vivir en la misma ciudad» que Matute, dijo: «Tengo la sensación de quererla aplaudir por este premio, por su vida y por todo lo que es. Es un regalo tenerla cerca».

Ana María Matute, entrevistada por canales de televisión (le preguntaron hasta por el partido del Madrid y el Barça que se disputaba ayer) y reclamada por unos y por otros, enseñaba la medalla del Premio Cervantes que le había entregado el Rey. «Han sido muy amables y simpáticos –dijo al referirse a sus Majestades–. Él es un hombre maravilloso, y la Reina me ha pedido una copia de mi discurso». Soledad Puértolas reivindicaba a la escritora. «No ha ido reclamando nada. Es una persona muy especial. Yo mantengo una relación muy afectuosa con ella».

Otra Cervantes
Ana María Moix expresó su deseo de que otra mujer ganara pronto el Cervantes. «A ver si pasa menos tiempo la próxima vez». La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que leyó un largo y emotivo discurso en el acto, también reflexionó sobre este punto: «Dado lo bien que ha salido este año la ceremonia, estaría muy bien en 2012 otra mujer Premio Cervantes», dijo. La directora del Instituto Cervantes también expresó un sentimiento semejante: «Las que somos mujeres nos sentimos hoy doblemente satisfechas, porque las creadoras no están representadas como se merecen ni en los premios, ni en las academias, ni en los organismos·.

Balcells, una muda y un cepillo de dientes
Ana María Moix le preguntaron por una vieja fotografía. Una imagen, tomada por Colita, en la que aparece ella junto a Ana María Matute. «¿Cómo era ella entonces?» Y Moix recordó aquellos años junto a su amigo. «Todos hemos envejecido desde entonces –bromeó–, menos ella». Recordó cómo Matute tenía prácticamente entera una novela que se negaba a terminar: «Olvidado rey Gudú». Sólo faltaba el final. Un capítulo que se negaba a añadir porque pensaba que cuando se editase se moriría. «Y lo que ocurrió fue todo lo contrario. A partir de ese libro revivió». ¿Cómo se decidió a añadirle el punto final? La decisión no la tomó ella, sino Carmen Balcells, que, con una muda y un cepillo de dientes, se la llevó a una casa para que la acabara. El éxito lo conocen todos.