Palhas para poco paladar

- Santander. Novena de feria, se lidiaron toros de Palha, el 4º, sobrero de Ortigao Costa. Muy desiguales de presentación y de poco juego. Lleno.- José Padilla, de azul marino y oro, pinchazo, casi entera (silencio); estocada baja, cinco descabellos (silencio). - Rafaelillo, de azul marino y oro, estocada delantera, pinchazo, estocada (silencio); pinchazo hondo, media, aviso, descabello (saludos). - Javier Valverde, de canela y oro, estocada (silencio); pinchazo, estocada (saludos).

Los toros de Palha tenían las ideas tan justas como el Gobierno. Sólo que salvando las diferencias somos los ciudadanos los que deberíamos echarnos las manos a la cabeza, sacar del bolsillo el pañuelo para secarnos las lágrimas o despedir al amigo que opta por darse la vuelta en busca de un lugar mejor. Así anduvieron los toros de Palha, y eso que son portugueses. La frontera contagia.Fue una corrida desigual, con toros grandes, pasados de vueltas, de años, algunos, el cuarto estaba más cerca de los seis que de los cinco, y se le notaba no porque lo pusiera en la tablilla sino por sus habilidades «sociales». No se podía ni menear el animal. Se las sabía todas. Sin saber el motivo el presidente decidió darle puerta y devolverlo a los corrales una vez que había cargado con el picador hasta el mismo centro del ruedo: más sabe el toro por viejo que por toro... y salió un sobrero de Ortigao Costa de la misma quinta y con las mismas maneras.Padilla puso ilusión con el capote, con las banderillas y tuvo que abandonar con la muleta. Aquello era un mulo rajado en tablas. Humilló nada y menos el primero y no acabó nunca de entregarse. La faena de Padilla, al que tanto se le jalea, «Illa, illa, illa, Padilla, maravilla» no pasó de afanosa. El toro era de trago. Cabeceaba el segundo, que le tocaba a Rafaelillo, tan acostumbrado a guerrear en estos campos. Y eso hizo, pelearlo, incitarlo y arrancarle los pases. Menos tino tuvo con la espada. Con dos largas de rodillas recibió al quinto, que hubo que provocarlo mucho en el último tercio. Se justificó el torero, atravesado en los finales. Javier Valverde se despedía. Se le notó más a gusto con el sexto, con el que hizo el esfuerzo y encadenó las medias arrancadas. Lo solventó con el tercero, que tampoco era del todo claro. Lo dicho, que estos palhas tenían poco que paladear, como el Gobierno. O era a la inversa.