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Una selección para la Historia

Con su triunfo –España ya es la campeona del mundo– por fin la selección española ha zanjado el derrotismo y el victimismo que nos acompañaba en el Mundial, donde siempre acudíamos con el fantasma de no pasar de los cuartos de final, ya fuera por nuestro mal juego, por errores arbitrales o jugadas desgraciadas. Estas situaciones que siempre dejaban un gusto amargo ya forman parte de la historia. Ya, desde la Eurocopa, el combinado nacional ha demostrado que es una selección competitiva, lejos de los complejos de antaño, a la que los rivales admiran y temen, y que se corresponde al nivel de nuestra Liga, considerada una de las mejores del mundo.


Este mayúsculo salto cualitativo ha sido fruto del buen hacer de Luis Aragonés, del acierto de Vicente Del Bosque –que ha mantenido el estilo de juego, al tiempo que ha imprimido su sello estando especialmente acertado en los cambios– y de una generación de jugadores de grandísimo talento desde la portería hasta la delantera. La mayoría de las selecciones sólo tiene un jugador de referencia. Lo que hace distinta y ganadora a España, es que al menos tiene siete jugadores de un nivel sobresaliente. O dicho de otra forma: Argentina tiene a Messi, Portugal a Ronaldo, Inglaterra a Rooney, Brasil a Kaká y España tiene a Xabi, Iniesta, Casillas, Ramos, Piqué, Torres, Villa... En resumen: por primera vez en la historia, España se ha presentado en el Mundial con una selección con mentalidad de equipo, con jugadores competitivos que se conocen desde las selecciones inferiores, que han ganado numerosos títulos internacionales con sus equipos, algunos juegan en el extranjero en ligas tan exigentes como la Premier... Todas estas gratas circunstancias son vitales para entender el éxito actual.
Es lógico que esta selección haya provocado la euforia en toda la sociedad española. Nos ha transmitido valores como la unidad, la solidaridad, priorizar el interés común frente a intereses partidistas, la generosidad y también una extraordinaria capacidad de sacrificio cuando procede. Todos estos rasgos distintivos de nuestra selección deberían extrapolarse al conjunto de la sociedad española, desde los políticos hasta los empresarios pasando por las fuerzas sociales y los ciudadanos. Igual que creemos en el potencial del combinado nacional tenemos que creer en España como nación, por mucho que una minoría pretenda dinamitar ese concepto.


A partir de hoy llega la realidad que no pasa por los campos de juego. Todavía resuena el eco de la manifestación en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, un embrollo político en el que conviene manejarse con templanza y sensatez. El próximo miércoles, el Congreso de los Diputados vivirá un Debate sobre el Estado de la Nación que será singular puesto que nos encontramos en una situación excepcional marcada por la crisis económica y el paro. Sí, el futuro a corto y medio plazo va a exigir lo mejor de nosotros mismos y lo mejor como país. Así, sería deseable desterrar actitudes sectarias, confrontaciones baldías e invertir la tendencia: es mejor sumar que restar. Juntos, podemos.