Marcas

 
 

Los nuevos ricos hablan en marcas. No le piden a un marinero en el barco que les busque el reloj. Lo hacen especificando: «Tomeu, he perdido el Bulgari y no lo encuentro»; «se ha tirado al agua con el Bulgari puesto y ha salido sin él»; «¡qué lata. Se me habrá caído. Toméu, vaya a mi cámara y tráigame el Hublot». Se alcanzan cotas de gran comicidad en los aperitivos a bordo. La propietaria, una nueva rica con ganas de integrarse en el club del poder, ofrece el aperitivo a sus invitados. «¿Te apetece una copa de Möet o prefieres de la Veuve?» «Me encantaría un gin-tonic». En ese punto, la nueva rica se dirije al marinero: «Tomeu, para don Alberto Alfombra una Bombay Zaffir con Chueps». «Aparecen las anchoas. Son Lolin», dice doña Marcas. «Tomeu, acérqueme el Hermés, que debo tener ahí mi Cartier». Y en efecto, en el bolso de Hermés se halla su mechero Cartier. «Es que en el aperitivo, y después del baño, no hay nada que me apetezca más que fumar mi Peter Styuvesant».

Cuando se habla de barcos o de coches, el contribuyente medio nada entiende de la conversación de los riquísimos. «El año que viene tengo que comprar un S-800 G, porque el M-700 k me ha salido rana»; «yo me acabo de comprar un M-700 K y me funciona divinamente. No me ha dado ningún disgusto»; «¿es el M-700 K Nature o el Exotic?»; «ni uno ni otro. Es el M-700-K Red Finn»; «el Red Finn es algo mejor, pero te recomiendo que lo largues cuando puedas y te encargues un Fly-Push 915- Emir». Y así, hasta que anochece. «Hijo, mi sol, el Ralph Laurent que te has puesto no va nada con los Levis». «Mamá, estamos en el barco y no importa». «Importa muchísimo porque nos están mirando con los prismáticos los Ferrusola Laporta desde el Tomahawk y los Pérez de Almibarano desde el «Gondolieri». «Pues que les den, mamá». «Mi sol, nos vas a buscar la ruina».

«Tienes una marca en la cintura, Christian»; «sí, me aprietan los Hackett»; «ponte los Lester, que llevan forro»; «me da pereza bajar al camarote para cambiarme los calzoncillos. Ya desaparecerá la marca». «Así no vas a llegar a ninguna parte. Te lo he advertido. También tienes los Vittorio y Luchino que te regalé en Navidad. Un hombre con marcas en la cintura repugna»; «da igual. Tú y yo nos repugnamos mutuamente y aquí estamos».

«¿Voláis en el Phantom o en el Eagle?» «En el Eagle. El Phantom se lo he prestado a Ali Babá para que no lo trinque la Guardia Civil». «Es encantador». «No entiendo cómo se ha metido en este lío.Pero ya me ha llamado desde Qatar». «¡Menos mal!»