Síntomas

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Un estudio de las reacciones a las Jornada Mundial de la Juventud revelaría muchas cosas de la sociedad española. La impresión es positiva, de forma muy mayoritaria, en todos los medios de comunicación, ya sean escritos, audiovisuales o por internet. Es algo digno de ser apuntado: si los medios de comunicación sirven –y yo creo que lo hacen– para comprender algo de la realidad en que vivimos, es notable la importancia que ha cobrado, para el conjunto de nuestra sociedad, la visita del Papa. La simpatía, el interés, la movilización, la atención suscitada son extraordinarias de por sí y, al mismo tiempo, el signo de la conciencia de un cambio de fondo. El catolicismo cobra una nueva dimensión en tiempos de crisis, y lo que parecía obligado hace años, como era la secularización, no parece hoy tan claro, sobre todo entre los jóvenes. No todo es –gracias a Dios, cabría decir– aplauso y aprobación. Hay una línea crítica de prevención y escepticismo, que debe ser valorada por sí misma y por su aportación al debate público. Luego están las tentaciones ultras y anticatólicas, resucitadas en estos años de socialismo, que aprovecharán la atención mediática. Tendemos a vivirlas con dramatismo, pero están en todos los países y si se controlan, no deberían ser peligrosas. En cualquier caso, los socialistas serán responsables de lo que ocurra. También está la tentación de politizar el acontecimiento apelando a los rescoldos del antiguo anticlericalismo, como quien hace guiños a los radicales e intenta comparar la movilización de los católicos jóvenes con los indignados, por ejemplo. Esto resulta interesante como síntoma. ¿Hasta qué punto el PSOE, que es quien maneja estos hilos, cree que esta actitud le resulta rentable electoralmente? En otras palabras, ¿hasta qué punto Rubalcaba quiere seguir siendo un apéndice del zapaterismo? Veremos.