El Ejército egipcio acorta los plazos

Cada vez es más evidente que el Ejército es la única autoridad fuerte en estos momentos y el único que puede liderar una transición democrática: cada día toma medidas concretas, que cuentan con más o menos apoyo, pero que lo analistas coinciden en que son positivas y necesarias para la vida política del país.

Musulmanes en su hora de rezo ayer en El Cairo
Musulmanes en su hora de rezo ayer en El Cairo

Los militares designaron ayer un comité para reformar la Constitución, con Tarek al Bishry a la cabeza, un juez de reconocido prestigio que ya anteriormente se había distanciado del régimen de Mubarak y defendido la independencia de la Justicia respecto al Gobierno, por ejemplo exigiendo que los jueces pudieran supervisar las elecciones.

El Consejo Supremo sólo le ha concedido diez días de plazo, en los que no se podrá redactar un nuevo texto pero sí introducir modificaciones fundamentales para dar paso a un sistema más plural y libre. La actual Constitución egipcia, que fue suspendida hace tres días por el propio Ejército, contiene numerosos artículos introducidos por el recién derrocado presidente, que aseguraban su permanencia en el poder y blindaban la participación de otros partidos o candidatos presidenciales en las elecciones.

La nueva Carta Magna supuestamente ofrecerá un lugar a todas las fuerzas políticas existentes y a las que están surgiendo en estos confusos días tras la caída del presidente Mubarak, en los que todos aquellos que trabajaron antes y durante la revolución popular, quieren tener voz en el nuevo Egipto.

Los jóvenes que protagonizaron las revueltas intentan ahora organizarse, incluso formar un partido político, y negociar directamente con el Ejército, pero todavía existen demasiados grupos, con diferentes demandas y sin una estrategia clara para ponerlas en práctica. Ayer, representantes de unos treinta sindicatos y gremios profesionales crearon un frente unido para defender las «demandas de la revolución». El activista Alaa Abdel Fatah explicó a LA RAZÓN que «ahora sólo se representan a sí mismos», pero en el momento en el que todos los miembros de estas agrupaciones se sumen a la iniciativa, constituirán una gran fuerza.

Por su parte, los partidos clásicos también se preparan para la nueva etapa política, pero por el momento mantienen un perfil muy bajo y todavía no han entrado en negociaciones con el Ejército. Los Hermanos Musulmanes aspiran a legalizar su organización, prohibida y perseguida desde los años 50, mientras los pequeños partidos izquierdistas o liberales intentan unirse bajo el paraguas del grupo del premio Nobel de la Paz, Mohamed El Baradei, que desde el principio ha sido visto como un posible líder, tanto de la revolución como de la transición.

Sin embargo, El Baradei no ha aparecido en público desde hace días y la última vez que se dirigió abiertamente a sus seguidores a través de Twitter fue el día en el que cayó Mubarak. Desde entonces guarda silencio, aparte de las contadas y selectivas entrevistas con los grandes medios internacionales, como la última con el periódico «Financial Times» en la que asegura que el Ejército todavía no se ha puesto en contacto con él para contar con su participación en la transición democrática. Uno de los movimientos afiliados a El Baradei, el grupo Kifaya, aseguró a LA RAZÓN que todavía no han mantenido contactos con los militares, pero que lo harán en breve.

 Nuevo líder: Amr Musa

El ex jefe del Organismo Internacional de la Energía Atómica ha reiterado que no tiene intenciones de optar a la Presidencia del país, mientras ya ha aparecido otro aspirante en liza: el secretario general de la Liga Árabe, el egipcio Amr Musa, podría concurrir a las elecciones previstas para septiembre, después de abandonar su actual cargo institucional el próximo mes de marzo. Un movimiento que los Estados miembros del organismo le han pedido que no haga en las actuales circunstancias de crisis en todo el mundo árabe.


Mubarak estaría dejándose morir, según la Prensa
Poco se sabe sobre el ex presidente Hosni Mubarak, aparte de que parece seguro que se encuentra en Egipto, en el balneario de Sharm el Sheij. Tras losrumores sobre su paradero, surgen las especulaciones sobre su estado de salud: éste empeora cada día, según el diario árabe Al Sharq Al Ausat, que asegura que Mubarak estaría rechazando su tratamiento médico (el octogenario dictador sufrió cáncer) y habría pedido a su entorno que le dejen morir en Egipto, tal y como dijo que haría en su último discurso como presidente del país antes de ser derrocado tras 30 años en el poder.