De La Abadía a la Luna sin escalas

DÓNDE: T. de La Abadía. Madrid.CUÁNDO: Desde el 23 de noviembre al 8 de enero. CUÁNTO: 15 euros.www.cirquedusoleil.com

Los personajes de la obra con la Tierra al fondo

«En la luna» no se sabe muy bien qué es pesadilla y qué real, dos años atrás parecen mucho tiempo y pensar en dentro de tres casi una eternidad. No son conocimientos empíricos, por supuesto, sino las leyes gravitatorias que rigen en el satélite creado por Alfredo Sanzol para ubicar su universo. ¿Universo «sanzoliano»? Sí, pocos autores en apenas cuatro obras vistas por el gran público han logrado que se les reconozca un estilo propio e intransferible. Cualquiera que asistiera a su trilogía («Risas y seducción», «Sí, pero no lo soy» y «Días estupendos») o a la obra que concibió después para T de Teatre, «Delicadas», reconocerá esas historias cortas unidas por diálogos ingeniosos y situaciones domésticas muy reconocibles que, sin embargo, pocos saben trasladar a la escena sin que pierdan naturalidad. «Sí, eso dicen, pero a mí, que estoy dentro, me hace falta la perspectiva de los años».

Estilo, no fórmula
Pues bien, Sanzol sigue fiel a su esquema: «No pienso que sea una fórmula, pero un estilo sí. A la hora de expresarme esta estructura me sirve. Son historias cortas, aunque juntas dan sensación de unidad», señala el autor y director. Para el Teatro de la Abadía ha compuesto sobre un fenómeno que ya había experimentado antes, pero en el que no profundizó: la memoria infantil. «Esas sensaciones que no sabemos si son reales o inventadas, esa materia tan escurridiza sobre la que construimos el resto de recuerdos». Así que, aunque esta no es una historia infantil, ha aplicado ese extraño mecanismo sobre el que se cimenta nuestra memoria infantil. ¿Por qué ha enviado a sus personajes tan lejos? La cuestión es literal, pues los personajes ven la Tierra desde el satélite, pero también es metafórica y tiene mucho que ver con la paternidad. «Se me ocurrió el título porque cuando nació mi hijo yo estaba como en la Luna. Te quedas volado, pues toda la visión de la realidad cambia». Y, una vez allí, se ha dado cuenta de que un escenario tan remoto le permitía trabajar tanto en el plano de la realidad como en el onírico y también mezclar los tiempos.

Las expresiones, tal cual, de nuestros ancestros es algo que el público de Sanzol aprecia por habituales, pues el pasado es otro de los elementos recurrentes en sus espectáculos: «Necesito entender lo que pasó para saber qué es lo que me está pasando», argumenta el dramaturgo.

Y para acabar de desmenuzar su técnica no podemos olvidarnos de la risa: «El humor casi no lo puedo evitar, me parece esencial porque cuando éste desaparece, surgen la pedantería y el dogma. La verdad resulta humorística porque es paradójica, contradictoria y torpe». Y le sale así, del tirón, aunque parezca una dedicatoria meditada para todos aquellos que minusvaloran la comedia.

Sanzol ha logrado en pocos años lo que otros no consiguen en toda su carrera: crear para el teatro público, primero para el Centro Dramático Nacional y ahora para La Abadía y el Lliure. Aunque recuerda que sus primeros títulos tuvo que producírselos, agradece la oportunidad a los gestores: «Lo que debe aportar el teatro público es libertad de expresión sin espera de recompensa económica».

Y va más allá en este sentido: «En muchos momentos el teatro privado considera al público como una competencia desleal, cuando debieran verlo como cantera, pues en muchos momentos actúa como una avanzadilla del riesgo». Sin ir más lejos se acuerda de que Jordi Galcerán, quizá el autor más comercial de nuestros días, surgió de un taller del Teatro Nacional de Cataluña. Otros se empeñaron en demostrar que la vida no es más que un sueño, él insiste en que es pura contradicción.
 

 

Sobresaliente a vera
Fue ayudante de dirección de Gerardo Vera en montajes como aquel «Divinas palabras» que inauguró el teatro Valle-Inclán de Lavapiés. Primero en esta faceta y después como protagonista de primera fila, ha sido un espectador privilegiado de la labor de Vera en el centro público. Su balance no puede ser mejor: «Ha sido una época muy buena porque ha permitido todo tipo de expresión, el teatro alternativo ha estado presente, pero también los maestros reconocidos».