El atleta granadino que adoptó la afición de Alicante

- Alicante. 7ª de la Feria de Hogueras, se lidiaron toros de la ganadería gaditana de Fuente Ymbro. En líneas generales correctos de presentación y de escaso juego. Media entrada en los tendidos.- Juan Serrano «Finito de Córdoba, de negro y oro, tres pinchazos, descabello (pitos); pinchazo, dos descabellos, aviso (ovación).- David Fandila «El Fandi», de negro y plata, entera (oreja y petición de la segunda); pinchazo, estocada entera (oreja).- Alejandro Talavante, de azul noche y oro, dos pinchazos, media estocada (silencio); pinchazo, bajonazo (silencio).

El Fandi, en una imagen de archivo
El Fandi, en una imagen de archivo

Por primera vez en muchos años el cartel del día grande de Hogueras, el día de San Juan, la fecha estrella del abono, no contó con un diestro alicantino, eligiendo los aficionados locales como propio a un entusiasta Fandi, con el que se volcaron en un festejo en el que se esperaba más de los toros de Fuente Ymbro. Un Fandi que basó su actuación en la disposición y la espectacularidad dio mucha variedad a su toreo de capa y, naturalmente, volvió a mostrar su capacidad física para banderillear, aunque clavase a toro pasado, haciéndose ovacionar más por su exhibición atlética que por la pureza o clasicismo en la suerte. Exigió tanto a su oponente que llegó al último tercio bastante apagado, aunque permitió a su matador, antes de rajarse, una faena muy festiva y ligera.Apretó más el quinto, más boyante y con genio, cumpliendo una actuación calcada a la anterior en la que sacó todo lo que tuvo su oponente.De salida fue muy a su aire el tercero, también justo de fuerza y acobardado en banderillas, defendiéndose en el tramo final de su lidia y sin colaborar para nada con un Talavante que se esforzó por sacarle partido y que derrochó voluntad y ganas, sin confiarse nunca con el sexto, más en el tipo de la ganadería y que fue tardo y exigente con su matador, que tuvo que tirar de oficio para sacar adelante su faena. El toro que abría plaza no demostró excesiva clase y salió suelto de cuantos capotes se le opusieron. Finito le dio confianza pero sin obtener resultado positivo: el toro se paró enseguida, negándose a embestir. La labor del torero se diluyó en probaturas estériles sin arriesgar un alamar y dando un sainete con la espada. Estuvo más entonado y estético con el claudicante y blandísimo cuarto, pero sin conseguir nada positivo.