Baloncesto

El show de LeBron

La NBA arranca marcada por su desembarco en los Miami Heat. «No vengo de vacaciones», amenaza

120 euros. Es el precio del nuevo modelo de zapatillas del «Rey», bautizadas como «LeBron James 8 South Beach».
120 euros. Es el precio del nuevo modelo de zapatillas del «Rey», bautizadas como «LeBron James 8 South Beach».

MADRID- El pasado domingo, el diario «Miami Herald» dio a conocer el nombre de los seis finalistas del «Concurso de Poesía LeBron James», convocado por este periódico tras conocerse el fichaje de la gran estrella por el equipo de Florida. La insólita iniciativa sirve para explicar las consecuencias de la llegada a las playas de Miami del «Huracán James», la gran novedad para la temporada de la NBA que comienza hoy.

LeBron es un gigante mediático que no puede evitar hacer ruido al moverse, y su traslado desde Cleveland a Miami ha sido un terremoto que se ha sentido en todos los rincones de la mejor Liga de baloncesto del mundo. Después de siete temporadas en el equipo de su casa sin ser capaz de alcanzar el anillo, el «Elegido» decidió que había llegado el momento de cambiar, pero no podía hacerlo como el resto de los humanos. Varios equipos peregrinaron hasta su residencia en Ohio para ofrecerle todo tipo de ventajas económicas y deportivas. LeBron escuchó a los Knicks, los Nets, los Clippers y hasta los propios Cavaliers, pero al final triunfó la opción de Miami. Para anunciar su nuevo destino no bastó con un simple comunicado de prensa. La ESPN organizó un programa televisivo en horario de máxima audiencia («The Decision»), que terminó con la confesión de la estrella mirando fijamente a la cámara: «Es muy difícil, pero me llevo mi talento a Florida del sur y me uno a los Heat. Es la conclusión a la que he llegado cuando me he levantado esta mañana».

La confirmación oficial del fichaje del «agente libre» más codiciado de la historia de la NBA provocó una ola de indignación entre los seguidores de su equipo, y la locura en los alrededores de la que será su nueva cancha a partir de ahora. La quema de camisetas con su nombre fue el deporte nacional en Cleveland la semana después de su anuncio. Le acusaron de traidor, cobarde y desagradecido, y no sólo los hinchas. Hasta el dueño del club se puso el traje de forofo para odiarle sin ataduras. Todos, los propietarios y los aficionados de los Cavs, eran conscientes de que sin su «gurú» volverían a ser un equipo de traje gris, sin nada que ofrecer distinto al resto, ni objetivos demasiado brillantes por delante.

Justamente lo contrario significó la noticia en Miami, que se convertía automáticamente en candidato al título y en uno de los tres equipos de baloncesto más famosos del planeta. Con su fichaje y el de Cris Bosh, unidos a la renovación de Dwane Wade, los Heat se hacían con tres súperestrellas dispuestas a trabajar en busca del anillo. Algunos dicen que se trata del equipo más poderoso de la Historia; otros, como el técnico y comentarista Jeff van Gundy, aseguran que superarán el récord de victorias (72) que tienen los Bulls de Jordan, y no cree que pierdan dos partidos seguidos. Pat Riley, jefe de operaciones de Miami, ve detrás de tantos elogios un intento de cargar de presión a los suyos. En el otro lado, no faltan los que están esperando que el experimento acabe en un rotundo fracaso.

Los abonos para seguir la temporada en el American Airlines Arena se han agotado hace tiempo y los precios han subido. La afición, que siempre ha preferido el fútbol americano y a los Miami Dolphins, se está pensando colocar el baloncesto como su máxima preferencia este curso, algo que no ha ocurrido jamás en Florida. «El año pasado podía pasear sin problemas por la ciudad; ahora no puedo dar un paso sin ser reclamado por cientos de fans», explica el base Carlos Arroyo. La ilusión se ha disparado, además de otras cosas. La ocupación de los hoteles ha subido desde que LeBron vive en Miami. La salchicha «Le-Brat James», cocinada a la parrilla con cebolla, ya aparece en la carta de algunos restaurantes, mientras los responsables inmobiliarios de los rascacielos que se levantan junto al pabellón aseguran que ahora es más fácil vender los apartamentos que estaban vacíos a causa de la crisis.

Todo esto se mueve alrededor del show de LeBron James, un icono publicitario mundial que, de vez en cuando, incluso mete canastas.


El curioso «séquito» de «King James»
Lo normal sería que su jugoso contrato con Miami, o los no menos millonarios acuerdos con Nike, Coca-cola o McDonalds, hubiesen sido negociados por un experto abogado. Pero nada más lejos de la realidad. James vive rodeado de un «séquito», muy parecido al de la famosa serie de televisión. Tres amigos de la infancia con los que comparte el día a día (Maverick Carter, Randy Mims y Rich Paul) son los únicos en los que confía el rey del baloncesto. Ellos se encargan de todo, desde sus negocios con los grandes anunciantes hasta sus reservas para cenar cada noche. Ninguno es licenciado en marketing, pero vender a LeBron no parece complicado.